Crítica:CINECrítica
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¿La voz del deseo?

Después de una larga carrera como ayudante de dirección, Antoni Verdaguer, uno de los 11 nuevos directores que se proponen renovar el equipo actual de los cineastas catalanes, debuta como director con una película de encargo, una versión cinematográfica de una novela erótica de éxito. En el libro, y en la película, la protagonista es una atractiva locutora de radio que sueña con realizar un programa en el que el erotismo sea el principal ingrediente. Para desarrollarlo, para alimentarlo de ideas, cuenta con sus propias aventuras y una cierta capacidad para sublimarlas. La fisiología puede convertirse en algo muy excitante, todo depende de la mirada y de la calidez, entonación e intensidad de la voz.Para encarnar a la heroína del filme, esta chica que tiene como única norma no acostarse nunca dos noches seguidas con el mismo hombre, pues considera el amor como una infección sentimental muy temible, Verdaguer ha elegido a una joven brasileña desconocida, Laura Conti.

El escote

Director: Antoni Verdaguer. Intérpretes: Laura Conti, Abel Folk, Jaume Valls, Ferrán Rañé. Guión: Vicenç Villatoro y A. Verdaguer, basado en la novela de María Jaén Amorrada al piló. Música: Ramón Muntaner. Fotografía: Magí Torruella. Dirección artística: Ramón B. Ivars. Estreno en Madrid en cines Aluche, Juan de Austria y Palacio de la Música 3.

Su responsabilidad es grande. Si la radio erótica -o los teléfonos que actúan como emisores individualizados- funciona es porque el oyente imagina el cuerpo que desea para aquella voz. Aquí el deseo aparece concretado, pero, curiosamente, lo que se le acaba exigiendo -involuntariamente- al espectador es que imagine la voz. Laura Conti ha sido doblada, y no por ella misma. Esto, que en cine es normal, aunque no deja de ser lamentable, provoca un distanciamiento que en nada beneficia a la película. L'escot es, o debiera ser, una cinta erótica y sobre el erotismo, un producto que aprovechara la desaparición de la categoría S para lograr un éxito de taquilla del que está muy necesitado el cine catalán. Su juego es el de la representación del deseo, pero el doblaje, olvidándose de la sensualidad, dinamita la función desde dentro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0020, 20 de marzo de 1987.