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DENUNCIA DE VENTA DE DROGAS

Los vecinos aseguran que la policía conoce la existencia de pisos en los que se vende droga

Todos los vecinos de las calles en las que la Coordinadora de Barrios denunció en el Congreso de los Diputados que había puntos de venta estables de drogas han confirmado la veracidad de su existencia, y no sólo eso, sino que consideran que hay muchos más que no figuran en la citada relación. Los vecinos, ninguno de los cuales quiso identificarse por miedo a las represalias, insistieron en que, igual que ellos conocen el fenómeno, la policía lo conoce también. La iniciativa de la coordinadora se está extendiendo por todo Madrid

Un joven, jeringuilla en mano, prepara con toda tranquilidad su dosis en un patio abierto junto a la calle de Borja, en el barrio de Los Cármenes, en la que existen al menos dos pisos en los que se vende droga. A poco más de 100 metros está la comisaría, frente a un colegio público donde corretean decenas de niños. Es la hora del recreo.Al otro lado del barrio, cruzando la vía Carpetana, hay un lugar codiciado por los camellos: un colegio público, un instituto de bachillerato y otro de formación profesional confluyen en la calle de Castellflorite Según los estudiantes, "los camellos suelen venir en los turnos de tarde y noche", y nos ofrecen las papelinas de droga a la entrada. Los Cármenes es uno de los barrios, madrileños más castigados por la droga y su secuela de delincuencia, y los vecinos conocen perfectamente a sus camellos.

En la calle de Ramón Pérez de Ayala, en el barrio de Fontarrón, en Vallecas, los vecinos coinciden punto por punto con la Coordinadora de Barrios. "Si de algo pecan los denunciantes es de quedarse cortos", decía un hombre maduro. "Los camellos importantes actúan con total impunidad, y la policía los conoce. ¿Cómo no lo van a saber si aquí los conoce todo el mundo?".

Por las declaraciones recogidas entre varios habitantes de la calle, que no se identifican por miedo a las represalias, los inquilinos del piso 4º A no el 1º A, como se publicó ayer por error- del número 148 de la calle son una de las familias que controlan el tráfico de drogas en el barrio. La jefa del clan es la madre, viuda, que tiene plena ascendencia sobre sus siete hijos. La familia en cuestión desapareció hace unos días del barrio, cargaron en una furgoneta de su propiedad sus bártulos y se fueron. Aparcados frente a su casa quedan todavía otros cinco coches, dos Citroën GX y tres Seat, un 1430, un 1.200 y un 850. Gente que cono ce a la familia habla y no acaba de los muchachos que suben al piso a cualquier hora del día, de las jeringuillas encontradas en la escalera e incluso el hallazgo de cuando en cuando, de algún joven caído en el portal.

A lo largo del tiempo, los vecinos han aprendido a distinguir las señas utilizadas por otra familia, también compuesta por una viuda y sus hijos, en el 12 A del 108 de la misma calle. "Si ponen una sábana blanca en la terraza", explican, "es la señal de que hay peligro, y entonces los toxicómanos no acuden.en unos días."

Las personas consultadas por este periódico coinciden en que la lista es muy corta. Sólo en el barrio de Fontarrón son de dominio público la existencia de otros dos pisos similares. En la cuestión de la policía, la gente, mayor se muestra más cauta, pero los jóvenes del barrio, mejores conocedores del asunto, no dudan en afirmar que determinados policías conocen exactamente los puntos de venta y se aprovechan, para desvalijar -esa fue la palabra empleada- a los yonquis y quedarse con la droga.

En la parroquia de San Carlos Borromeo, en Entrevías, los encerrados no cesan de recibir muestras de apoyo de otros barnos con problemas similares. Sólo en este mes,de marzo se han convocado ya encierros y manifestaciones en Villaverde, Canillas, Hortaleza, Cornisa de Orcasitas, Ventilla, Tetúan, Getafe y Moratalaz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de marzo de 1987

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