Savater está feliz
Los intelectuales españoles -algunos por lo menos- acaban de encontrar la felicidad y se han apresurado a mostrarnos el mapa del tesoro, no fuera que nos perdiéramos tan saludable acontecimiento. Savater, naturalmente, ha tenido una participación destacada en el invento y nos invita a todos a ser felices. Su artículo del 11 de noviembre nos asombraba con la sencillez de la fórmula de felicidad, y cuesta comprender cómo hemos tardado tanto en descubrir lo fácil y lo rentable que es ser feliz. Todo se reduce a la vieja consigna de Guizot: ¡Enriqueceos! A partir de este sensacional descubrimiento, el vicio y la virtud son exactamente lo mismo, la solidaridad un anacronismo, la lucha por la justicia una superstición decimonónica y el egoismo individualista la norma suprema de comportamiento humano.Naturalmente se espera -como en el caso de la también de moda economía liberal- que una mano oculta trasmute en general bienestar los particulares intereses. Los fuertes -liberados finalmente de las normas que moderaban su poder- podrán ayudar a los débiles por el procedimiento de gozar sin freno de sus privilegios -de su felicidad, claro-. Los débiles, por su parte, demostrarán su Culpabilidad al negarse estúpidamente a ser felices.
En su breve excursión por el mundo de la homosexualidad, el señor Savater nos ofrece otra buena nueva: él sí ha encontrado homosexuales felices y no ha detectado por ninguna parte el carácter trágico de esta condición humana. Mucho me temo que en este campo el señor Savater sea un convertido reciente que no ha tenido tiempo de comprobar la destructiva tristeza que produce fecundar siempre vientres estériles por hermosas que sean las piernas de los muchachos. Tiempo tendrá, si sigue por este camino, de comprobar la poca felicidad que hay al final del "túnel metafisico" que también acaba de descubrir su colega Jean Ederri Hallier- Josep Amettier.
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