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Buda, la isla prohibida

En verano, cuando la tierra cubre el final del río Migjorn, se puede llegar a la isla de Buda por la playa, por los metros de terreno de propiedad pública reglamentarios que hoy se ignora cómo y dónde están: el mar ha ido ganando terreno y los restos del antiguo faro, construido en el siglo pasado, están en pleno mar. Si se avartza por este paso ocasional y tírnido, se deja a la izquierda el cartel de la Generalitat de Cataluña, en el que se informa del parque natural y se prohíbe el paso a la propiedad privada, a la isla.Con orgullo se comenta que Buda se mantiene tal y como era en el siglo XVIII, se pronuncia con reservas el nombre de sus propietarios, los Borés, se califica de anacrónica la situación, y se afirma que es la zona del parque donde está más clara la propiedad privada. Su valor se estima en 1.500 millones de pesetas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de septiembre de 1986