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FERIA DE SAN SEBASTIÁN DE LOS REYES

La alegría de torear sin toro

Torear sin toro: qué alegría, sobre todo para el torero, como ayer Espartaco en San Sebastián de los Reyes. Al público también le dio alegría, mucha, y pedía la oreja, dos -¡o-tra, o-tra!-, rabo -¡el-ra-bo, el-ra-bo!-, y la fiesta adquiría un alborozado ambiente de verbena, tal como les encanta a los taurinos que sea. Toro mutilado de pitones -según salieron todos ayer-, es medió toro, o cuarto. Toro que no soporta los tres puyazos en regla es cuarto y mitad. Toro que no soporta ninguno, está lejos de ser toro; quizá sea vaco.El segundo de Espartaco recibió un picotacito y aún con eso se cayó una docena de veces; al primer toro de Espartaco -vaco- ni le hicieron sangre; ni gota.

Nuñéz/ Ortega Cano, Espartaco, Joselito

Cinco toros de Marcos Núñez, inválidos, nobles; 62, sobrero de Lisardo Sánchez, con cuajo y peligroso. Todos sospechosos de pitones. Ortega Cano: dos pinchazos, rueda de peones y, estocada (silencio); tres pinchazos y bajonazo descarado; la presidencia le perdonó un aviso (vuelta). Espartaco: bajonazo y descabello (dos orejas); pinchazo hondo trasero tendido, rueda de peones y descabello; la presidencia le perdonó un aviso (dos orejas, petición de rabo y dos vueltas). Joselito: dos pinchazos y estocada (oreja); estocada baja y dos descabellos (ovación). Plaza de San Sebastián de los Reyes, 31 de agosto. Quinta y última de feria.

Al público le daba lo mismo; nadie protestó, excepto tres o cuatro aficionados, islitas insignificantes en medio del océano triunfalista que anegaba el tendido. Espartaco se despachó a gusto con el toro cuarto y mitad y con el vaco. A cada uno le dio 100 pases o 110. Muchos, despacioso y templado; otros, tremendista. De rodillas también los dio. El gentío estaba feliz con eso, a ratos entraba en delirio, y cuando vio morir al toro cuarto y mitad, alcanzó el paroxismo.

Algunos sectores de público pretendían que este clamor mortificara, de paso, a Ortega Cano, simplemente porque no quiso banderillear. "Coino es figura" comentaba alguien, "se le ha subido a la cabeza y ya no banderilla". "Pues su obligación es banderillar" exigían otros; "¡que banderille!'. No lo hizo. Quizá el motivo verdadero estaba en Joselito, que no da cuartel a nadie, y prendió a su primer toro tres pares estupendos; uno de ellos, encerrado en tablas, sensacional. Y al pregonao sobrero también lo cuarteó con facilidad.

Demasiado riesgo artístico, competir con un banderillero así. De manera que Ortega Cano lanceó bien de capa y se empleó a fondo en las faenas de muleta, dando distancia, subrayando la mecánica de los pases. Sólo que le desbordó la casta del primer toro, y al cuarto le toreó mejor, pero con enganchones. únicamente le salieron hondos unos ayudados por alto. Ortega da la sensación de estar atorao, como dicen coletudos de plata.

Tampoco Joselito tenía su tarde e hizo una primera faena muy desigual, sin llegar a acoplarse con el toro que, aunque a veces se revolvía y buscaba, era de los de cuarto y mitad. Nada más iniciarla puso al público en pie al ligar un pase cambiado en el mismo centro del ruedo, un estatuario y un cambio de mano echando la muleta abajo.

La categoría excepcional de aquellos muletazos habría bastado para definir su torería, y después, varios redondos, uno de pecho lentísimo marcado al hombro contrario, los ayudados, un par de trincherillas. Sin embargo la faena transcurrió sin unidad y sin ritmo.

Al sobrero, cuando comprobó que tiraba los pitones a la ingle, lo dobló por bajo con decisión y maestría. Que un torero posea valor y recursos para dominar toracos peligrosos, es importante. Sobre todo si tiene 17 años. Acaso no dé tanta alegría como burrear a un vaco, pero eso es toreo, emocionante y bueno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de septiembre de 1986