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Crítica:CINE

A grandes males, peores remedios

CobraDespués de Rambo, después de Rocky, nos llega ahora Cobra, el autodenominado "brazo fuerte de la ley" o "remedio ante la plaga criminal". Se trata de un policía de pocas palabras y muchos cadáveres, corporeización filmica de las tristes ensoñaciones de aquel boxeador sonado que Tony Leblanc popularizó gracias a un siniestro estribillo: "¡Yo mato, yo mato!". Aquí tanto el agente como los criminales padecen del mismo desorden cerebral y el director, George Pan Cosmatos, que ya lo fue de Rambo, se limita a filmar las sangrientas aventuras asegurándose siempre la jugada, es decir, utilizando varias cámaras para captar cualquier situación. La fórmula tiene varias ventajas: evita el tener que definirse explicitamente sobre el emplazamiento idóneo de la mirada y permite mostrar la caída, aplastamiento, incineración o acribillamiento de cualquier cuerpo desde cuatro o cinco puntos de vista, algo que la mentalidad de mal fabricante de videoclips convierte en la posibilidad de ralentizar y repetir hasta la saciedad cualquier gesto digno de una crónica de sucesos.¿Qué diferencia hay entre este Stallone y los anteriores? La principal surge del deseo de entroncar el personaje con una tradición iconográfica sacada del cine negro, deseo que se concreta en la sobriedad indumentaria del héroe y en el coche que conduce, un modelo de finales de los 40 que el Michel Paré de Calles de fuego utilizaba con mayor propiedad y sentido del humor. Pero Cobra no tiene nada que ver con aquellos detectives amargos y escépticos de La jungla del asfalto, de Chandler o Hamrnet, porque está al lado del poder y participa de la moral de los que mandan. Es más, entre puñetazo y degüello, el personaje al que da musculoso cuerpo Sylvester Stallone aprovecha la pausa para soltar alguna parrafada sobre los males de nuestra sociedad, cuñas con mensaje de las que también participan sus enemigos, ahora si todos de acuerdo a la hora de valorar la actitud de los jueces y de la democracia en general, demasiado blanda para combatir a quienes no creen en otra cosa que en sus armas mortíferas.

Director: George Pan Cosinatos

Intérpretes: 'Sylvester Stallone, Brigitte Nielsen, Reni Santoni. Guión: S. Stallone, basado en la novela Fair Game, de Paula Gosling. Fotografia: R. Waite. Música: Sylvester Levay. Estadounidense, 1986. Estreno en Madrid en los cines Lope de Vega, Benlll'iure, Juan de Austria, Aluche, Luchana 1, Candilejas y Europa.

No hace muchos días la prensa publicó la aparición, en Estados Unidos, de ejércitos de alquiler especializados en la lucha antiterrorista. Cobra, como otras muchas películas recientes, es una versión infantilizada, de comic, de esa actitud que aplaude lo de "primero disparamos, luego se pregunta". No hay que tomarse el filme demasiado en serio, ni tan sólo cómo síntoma, ya que su éxito popular depende más de una buena técnica de lanzamiento publicitario y de explotación que no de su real capacidad de impacto.

Fascismo risible

El fascismo que impregna el producto viene servido de manera risible, sin auténtico poder de convicción. Un estreno masivo, precedido de toneladas de billetes gastados en crear expectación, bastan para asegurar unos primeros llenos convincentes, que eviten que el rumor de la decepción circule con suficiente rapidez como para reducir el fenómeno a sus justas dimensiones.Lo malo de Cobra no es que sea fascista, sino que sea tan mala película, que esté dirigida. por un incompetente -si a Pan Cosmatos le privamos del despliegue de medios tecnológicos nos queda un enclenque polizonte desarmado- y protagonizada por personajes que, aunque sean zanquilargos o de pectorales poderosos, están faltos de carne y hueso. Y es malo también que la manipulación del espectáculo cinematográfico, manipulación lógica desde un punto de vista de negocio a corto plazo, conlleve la creación de falsos acontecimientos, que todos -profesionales, prensa, público, etcétera- nos prestemos a un juego que, a la larga, lo único que logra es alejar el público de las pantallas, pues no toda la platea ruge de satisfacción al pedírsele que se sienta cómplice de un idiota que muge más que habla, que besa elípticamente para tener más tiempo de matar explícitamente.

Esa política de estrenos como razzias tiene su correlato de delincuencia, denunciado por la Warner, que ofrece mas de 750.000 pesetas a quien ayude a localizar a los responsables de las copias piratas de Cobra que ya circulan en vídeo. La puesta en circulación simultánea de 125 copias cinematográficas de Cobra ha multiplicado "ese crimen que es una plaga" y, de momento, la empresa distribuidora prefiere recurrir a la denuncia remunerada que "al brazo fuerte de la ley", una falta de confianza que Stallone-Cobra premiaría con el mayor de los desprecios y una buena ráfaga de metralla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de agosto de 1986

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