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Crítica:FOLCLOR
Crítica

Africa en Madrid

África negraLas tres noches de música africana en Madrid significaron un saludable ejercicio mental, pues no está mal acercarse de cuando en cuando a lógicas musicales tan antiguas como desconocidas.El intento no es fácil, porque es imposible hablar de música africana en términos generales. Existen tantas como grupos étnicos, y su sentido es distinto al que estamos habituados. La música y la danza forman parte de la vida de los africanos; la utilizan como lenguaje, modo de cambio, juego social que no pertenece a ninguna elite. Por esto el programa era atractivo, y recorrió músicas de Mali, Marruecos y Zaire.

El plato fuerte era Ray Lema, un zaireño de 40 años formado en Kinshasa, Estados Unidos, Bélgica y Francia, que personifica los intentos de síntesis entre una música africana, que reivindica su influencia en algunos compositores actuales y se niega a continuar padeciendo el expolio y la colonización, y la que podemos definir como música actual, impregnada de jazz-pop norteamericano. Con un excelente grupo formado por cuatro negros y tres blancos y un sonido que haría palidecer de envidia a algunos monstruos sagrados, Ray Lema mostró su particular concepto de la fusión.

Música rural y urbana

Patio de la Almudena. Madrid. 25, 26 y 27 de julio.

El ciclo se cerró con una magnífica representación de la música rural de Zaire, país que con más de 400 etnias diferentes presenta una de las tradiciones más abiertas, con recíprocas influencias europeas y brasileñas, de la rumba y el cha-cha-cha, y que -como afirma Souzy Kasseya, uno de sus músicos más significativos- resume el futuro de la música africana, inmersa entre una generación actual con recuerdos de la época colonial, y la futura que, libre de ataduras, podrá desarrollarse con más libertad.

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