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Los Columbretes, islas de las serpientes

Un archipiélago de origen volcánico, de alto interés científico, que necesita protección

Las islas Columbretes, un pequeño archipiélago de origen volcánico situado a unas 35 millas de la costa de Castellón, han sido víctimas en los últimos años de una degradación que ha llegado a unos límites que hacen necesaria su protección urgente. Los grupos conservacionistas valencianos reclaman desde hace años acciones concretas de las autoridades que permitan preservar sus peculiares características ecológicas. La necesidad de proteger estas islas, conocidas desde la antigüedad por la gran cantidad de víboras que habitaba en ellas y que hoy en día han desaparecido, ha sido puesta de manifiesto por la organización ecologista Greenpeace, que ha estado dos días allí para reclamar que sean declaradas Reserva Integral de Interés Científico.

Este pequeña archipiélago de una veintena de islas e islotes ocupa una superficie de poco más de 600 hectáreas, de las que tan sólo 15 son emergidas. La isla más grande es la Grossa, o simplemente l'illa, como la llaman los pescadores, que ocupa una extensión de apenas 10 hectáreas. Se trata de un cono volcánico del que sólo son visibles tres cuartas partes de su circunferencia. Dos colinas unidas por una lengua de roca volcánica apenas cubiertas de nopales y matorrales bajos enmarcan el antiguo cráter que forma una bahía natural abierta. hacia el Este, refugio para los barcos siempre que no salte el temporal de levante. En lo alto de una de las colinas, llamada Mont Colobrer, de 68 me tros de altura, destaca una mansión construida a mediados del si glo pasado sobre la que se erige el faro. La casa, que durante más de un siglo ha albergado a cuatro fa milias de fareros, está hoy deshabitada porque el faro fue automatizado a. mediados de la década de los setenta. En el lado opuesto, hacia el Sur, se encuentra la otra colina, en la que hay una torre de señales, y más abajo un minúsculo cementerio con seis tumbas, la mayoría de ellas pertenecientes a miembros de las familias de fareros que desde 1845 han estado al cuidado del faro. Esta isla Grossa o Columbreta tiene apenas 900 metros de longitud por 150 de anchura. Más al Sur se encuentra la isla Ferrera, la segunda más grande, y muy cerca está La Foradada, fácilmente identificable por el gran agujero que le da nombre.

Las primeras referencias concretas proceden de los geógrafos de la antigua Roma, como Plinio. También Mela y Estrabón las citan, aunque con el nombre de islas Serpentarias, mientras que los griegos las incluyeron en el grupo de las Ophiusas. Todos esos nombres con los que el archipiélago ha sido conocido a lo largo de la historia tienen un mismo punto de partida: las serpientes. Las islas, y sobre todo la Grossa, estaban pobladas por gran cantidad de estos vertebrados, fundamentalmente víboras -vipera lataxi-, una especie endémica de las Columbretes, en latín columber, culebra.

A mediados del pasado siglo, cuando fue construida la casafaro, fueron exterminadas. Había que acabar con ellas porque eran peligrosas para los fareros. Primero fue enviado a la isla un pelotón de condenados a muerte a los que les fueron concedidas remisiones de pena a cambio de participar en la operación de exterminio.

Exterminadas por cerdos

Varios de ellos murieron, a pesar de lo cúal no lograron totalmente su objetivo, por lo que a continuación fue trasladada a la isla una piara de cerdos. Estos animales se comen las víboras, cuyo veneno no les causa la muerte. Hacia 1890 las víboras habían desaparecido por completo de la isla Grossa.

Pero las víboras fueron sustituidas por los conejos, llevados a la isla por los primeros fareros para poder cazarlos y disponer así de alimento. Los conejos se multiplicaron de tal manera que llegaron a constituir una plaga, que ha remitido en las últimas décadas debido a la mixiamatosis.

Sin embargo, la riqueza y el interés de este archipiélago se centran en su gran importancia comno zona de paso y de descanso de las aves migratorias . Las Columbretes son para esas especies un puente entre las marismas del sur de Francia y la Albufera de Valencia en sus dos migraciones anuales, en primavera y otoño. Allí anidan, además, buen número de gaviotas adouin -muy escasas en el planeta- y de cormoranes moñudos, así como la pardela cenicienta y el halcón de la reina. Hay también una especie de lagartija propia de las islas, numerosos escorpiones y pequeños insectos que se han adaptado a las condiciones especificas de las islas. La vegetación es escasa, con plantas de origen peninsular, aunque evolucionadas y adaptadas a las condiciones de extrema salinidad y que han formado subespecies propias. Mención aparte merecen los fondos marinos, antaño ricos en corales y tortugas, con abundante pesca, que han constituido un tradicional caladero para los pescadores castellonenses.Yates particularesEl deterioro progresivo de las islas Columbretes se inicia en la década de los años sesenta. El desarrollo del turismo propicia las visitas de yates particulares y la prolifera ción de excursiones incontroladas, de forma que el archipiélago empieza a sufrir verdaderas invasiones, sobre todo durante los fines de semana de la época estival. La prohibición de desembarcar es sistemáticamente pasada por alto, de forma que la basura se acumula en la isla Grossa y las aves pierden la tranquilidad. Los más desaprensivos se dedican a molestar a las aves en sus nidos o utilizan escafandras autónomas para pescar a sus anchas. Mientras, la pesca profesional indiscriminada y sin control contribuye a esquilmar los ricos fondos marinos.

Blanco de tiro de la aviación

Las islas sirvieron durante años como blanco de tiro para los aviones de la armada estadounidense primero y de la aviación española después. Las huellas de esta actividad son bien visibles. En una de las paredes de La Foradada hay incrustada una bomba, y en los fondos que rodean las islas también se pueden ver algunas bombas intactas y restos de muchas otras.El último farero de las Columbretes fue Roque Serrano, que abandonó su puesto cuando el faro fue automatizado, pero que vuelve siempre que puede. Ahora se encuentra allí para supervisar la colocación de los paneles de energía solar para alimentar el faro. Es el primer defensor de las islas, pero muestra su impotencia: "Desde aquí arriba no se puede proteger nada", dice junto a la casa-faro. "Lo que hace falta es mayor vigilancia desde el mar para hacer cumplir la ley".

Pero la protección no llega. El Ayuntamiento de Castellón aprobó en el año 1983 la declaración de las islas como parque nacional, decisión de carácter simbólico, al igual que varios intentos posteriores de promulgar textos legales de protección, puesto que tales medidas deben ser aprobadas por el Gobierno central.

Recientemente, las Cortes vaIencianas aprobaron un proyecto de proposición de ley para declarar las islas Columbretes como parque nacional marítimo-terrestre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de julio de 1986

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