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Un mandato popular contra el reglamento del partido ,

El primer ministro Yasuhiro Nakasone puede oponer, tras los resultados de las elecciones del domingo, a los actuales reglamentos del Partido Demócrata Liberal (que limitan a cuatro años -dos períodos consecutivos de dos años- la presidencia del partido y, en consecuencia, del Gobierno) el mandato popular surgido de estos comicios. Shin Kanemaru, secretario general y número dos del PDL, recordó ayer que una mayoría de dos tercios en el grupo parlamentario del partido puede modificar esa regla.La relación de fuerzas existente entre las cinco facciones en que se divide el PDL después de conocerse el triunfo de Nakasone permitirá saber con claridad las posibilidades de Nakasone de resistir a los candidatos a su sucesión: Shintaro Abe, ministro de Exteriores; Noboru Takeshita, ministro de Finanzas, y Kfichi Miyazawa, que preside el consejo ejecutivo del PDL.

En un país en el que las dinastías políticas juegan un papel decisivo, el primer ministro Nakasone tiene desde ayer un motivo especial de satisfacción: su hijo Hirofumi ha sido elegido senador por Gumma, cerca de Tokio. Pero los electores no le han brindado una alegría suplementaria, ya que él mismo no ha salido elegido sino en segunda posición en su circunscripción, detrás de su viejo rival en el seno del PDL, el ex primer ministro Takeo Fukuda.

Nakasorte tuvo acceso al poder en 1982 gracias al apoyo que entonces le prestara el ex primer ministro y uno de los hombres fuertes del PDL Kakuei Tanaka. Este dirigente conservador, implicado en el escándalo de la empresa Lockheed, fue el verdadero gobernante en la sombra de la escena política japonesa hasta que en febrero de 1985 padeció una hemorragia cerebral.

La enfermedad de Tanaka ha modificado el ritmo de la vida política nipona y, según los observadores, ha puesto de manifiesto las ambiciones latentes en su partido, en especial aquellas de los políticos de la generación ascendente. Debilitado por la ausencia de Tanaka, Nakasone se sentía últimamente aislado en el PDL; de ahí, su necesidad de un gran triunfo en las urnas para conservar el poder.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de julio de 1986