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Tribuna:

La revolución reproductiva

PETER SINGERPeter Singer es profesor en el Centro de Bioética Humana de la Monash University de Victoria, Australia. Se ocupa de problemas biológicos relacionados con la ética y las ciencias humanas. En este artículo explica en qué consiste la fecundación in vitro y sus enormes posibilidades de cara al futuro, que le permiten hablar de revolución reproductiva. Además analiza los problemas éticos que se pueden derivar de esta técnica. Según su parecer, la mayoría de los inconvenientes que se oponen actualmente no tiene razón de ser y éstos responden a prejuicios.

En estos años se está produciendo una revolución comparable, en muchos aspectos, a la revolución que en la física condujo a la bomba atómica. La revolución reproductiva, siempre que logremos alejar el peligro del desastre atómico, podría acabar siendo incluso más importante que la nuclear. Nos dará el poder de modificar la propia especie humana.Se inició en julio de 1978, cuando nació Louise Brown, primer ser humano concebido fuera del cuerpo humano. La técnica empleada para llegar a este resultado, la fecundación in vitro (FIV), podría parecer simplemente un medio para ayudar a mujeres estériles a quedarse embarazadas. Pero la FIV representa un paso decisivo en un recorrido lleno de otras posibilidades: la congelación y donación de embriones, maternidad delegada, selección sexual e ingeniería genética.

En el pasado, nuestros códigos éticos dispusieron del tiempo suficiente para irse adaptando lentamente al cambio de las circunstancias: basta pensar en el tiempo que se necesitó para que la condena de la usura fuese compatible con los fenómenos económicos de la nueva época mercantil. En los próximos 10 años o, todo lo más, dentro del siglo en que estamos, deberemos decidir cómo vamos a utilizar las nuevas tecnologías que pondrán en entredicho, o al menos en discusión, conceptos fundamentales como el de maternidad y, paternidad, y que nos obligarán a interrogarnos sobre cuáles son las cualidades humanas más deseables.

EL CASO SIMPLE

El llamado caso simple de la FIV es aquel en que una pareja casada estéril utiliza un óvulo de la mujer y el esperma del marido, y todos los embriones que se crean se introducen en la mujer. Este caso nos permite analizar la ética de la FIV en sí misma, sin la complicación de otros muchos problemas que pueden surgir en otras circunstancias. Luego examinaremos este tipo de complicaciones.

La técnica como tal es muy conocida ya y se está convirtiendo, en muchos países, en un remedio completamente normal para hacer frente a la esterilidad. Un tratamiento a base de hormonas permite que los ovarios de la mujer estéril puedan producir más de un óvulo en el ciclo siguiente. Los niveles hormonales de la mujer quedan sometidos a un cuidadoso control para poder determinar el momento exacto en que los huevos alcanzan la madurez. Entonces los huevos son retirados, por lo general utilizando la laparoscopia, pequeña operación por la que un fino tubito, que se introduce en el abdomen de la mujer, aspira el huevo. En el abdomen de la paciente se introduce también un laparoscopio, una especie de periscopio iluminado de fibras ópticas, de manera que el operador pueda localizar el lugar en que se halla el óvulo maduro. Algunos equipos médicos usan ahora, en vez de la laparoscopia, técnicas de ultrasonidos, que eliminan la necesidad de una anestesia total.

Una vez recogidos, los óvulos se disponen en cultivo en pequeños recipientes de cristal (conocidos como petri dishes), pero no en probetas, como podría sugerir el nombre popular de los niños probeta. El esperma del hombre, que se obtiene mediante masturbación, se une a los huevos. De este modo un 80% de los óvulos maduros queda fertilizado. Se deja que los embriones se dividan una o dos veces y luego, en general a las 48 o 72 horas desde la fertilización, se trasladan al interior de la mujer a través de la vagina. Esta última operación es bastante sencilla.

Cuando el embrión se halla de nuevo en el útero y fuera del control de la ciencia médica, las cosas pueden complicarse y no salir del todo bien. Incluso los equipos más expertos no son capaces de evitar que la mayoría de los embriones a que, hemos aludido antes fracasen en su intento de implantarse en el útero. Un embarazo cada cinco intentos, se considera una buena medía de trabajo para un equipo competente en FIV. Los equipos menos expertos no se acercan ni siquiera a esta media. Sin embargo, varios cientos de niños han venido al mundo gracias a esta técnica, hasta el punto de que se calcula que cada día, en alguna parte del mundo, nace un niño fecundado artificialmente.

Numerosas personas están en contra de la FIV, incluso en el caso simple. Y las objeciones más corrientes son: 1. Que la FIV es antinatural. 2. Que la FIV hace correr riesgos a los hijos. 3. Que la FIV separa el aspecto procreativo del conyugal en el matrimonio, y así daña a la relación entre los cónyuges. 4. Que la FIV es ilícita porque implica masturbación. 5. Que la adopción es una solución mejor al problema de la falta de hijos. 6. Que la FIV es un lujo costoso y que los recursos podrían emplearse mejor para otras cosas. 7. Que la FIV aumenta el control sobre la reproducción por parte de los hombres y por ello pone en peligro la situación de las mujeres en la comunidad.

Examinemos rápidamente las cuatro primeras objeciones. Respecto a la primera, si tuviésemos que rechazar los progresos de la medicina sobre la base de que son antinaturales, deberíamos renunciar a toda la medicina moderna. No hay nada más natural en nuestra especie que hacer uso de la inteligencia de la que estamos dotados para superar las situaciones adversas en las que podamos encontramos.

Por lo que respecta a la acusación de que la FIV es un riesgo para el niño, ésta se ha lanzado antes de que la FIV se hubiese convertido en una técnica ampliamente utilizada. Basta destacar que los resultados de la FIV han refutado felizmente las más oscuras previsiones. Quizá no podamos afirmar todavía con certeza estadística que el riesgo de deformación no es mayor con la FIV que con los métodos de concepción más corrientes; pero parece que se aproxima el día en que esta afirmación acabe teniendo una base sólida.

La tercera y cuarta objeción provienen de los representantes de algunos grupos religiosos, pero son difícilmente defendibles fuera del ámbito de determinadas confesiones. No son muchas las parejas estériles que van a tomarse en serio la opinión según la cual sus relaciones conyugales se verían dañadas por utilizar una técnica que le proporciona una mejor oportunidad de tener un hijo propio. Sea como sea, es una actitud extremadamente paternalista aconsejar a una pareja que no utilice la FIV porque va a ser perjudicial para su matrimonio. Sin ninguna duda, ésta es una opción que corresponde exclusivamente a los cónyuges.

La oposición a la masturbación proviene de una fuente parecida y puede ser rebatida aún más rápidamente. Las prohibiciones relativas a la masturbación son tabúes del pasado, que incluso los representantes religiosos comienzan a reconsiderar.

Las dos objeciones siguientes, la quinta y la sexta, merecen una valoración más cuidadosa. En un mundo ya superpoblado, en el que hay tantos niños que no pueden recibir una alimentación y una educación adecuadas, parece absurdo emplear toda la inventiva de la medicina para procrear más niños. Podemos preguntarnos además -dado el elevado número de muertes causado por enfermedades que pueden prevenirse- por qué hay que dar prioridad al desarrollo de técnicas costosas para hacer frente al problema de la esterilidad, que es relativamente menos grave.

Estas objeciones serían válidas sólo si imaginásemos un mundo ideal en el que hubiese familias amorosas para niños no deseados, antes de procrear a otros nuevos, y deberíamos hallar remedio para todas las enfermedades que pueden prevenirse y las debidas a la malnutrición antes de seguir combatiendo el problema de la esterilidad. Pero, ¿por qué sólo en el caso de la FIV nos preguntamos si ésta se adapta a los requisitos de un mundo ideal? En un mundo ideal nadie consumiría más de la cantidad justa de recursos que le correspondiese. No podríamos utilizar automóviles lujosos mientras otros se mueren por falta de fármacos. Y no desperdiciaríamos tantos recursos en la producción de productos animales que componen nuestra dieta, mientras que otros se mueren de hambre.

Si las parejas no estériles tienen libertad de traer al mundo una prole numerosa en vez de adoptar niños pobres extranjeros, entonces también las parejas estériles deben tener libertad para engendrar a sus propios hijos. En ambos casos se debería tomar en consideración, como alternativa, la adopción de niños de los países pobres o incluso niños de nuestros países no deseados debido a alguna minusvalía. Pero si no hacemos obligatoria esta elección en el primer caso, tampoco podemos hacer que lo sea en el segundo.

La última objeción se debe a ciertas feministas. En una recopilación de ensayos reciente, escritos por mujeres, titulada Test- Tube Women: What Future for Motherhood?, se manifiestan profundas dudas respecto a la nueva técnica de reproducción. De las autoras, ninguna se muestra más hostil que Robyn Rowland, socióloga australiana, que escribe: "... en última instancia, la nueva técnica será utilizada en beneficio de los hombres y en perjuicio de las mujeres. Aunque la tecnología en sí no sea negativa siempre, el verdadero interrogante ha sido siempre: ¿quién controla? La técnica biológica se encuentra en manos de los hombres". Y Rowland termina con una advertencia tan terrible que recuerda a los anatemas que lanzan los oponentes más conservadores de la FIV: "Lo que quizá se esté produciendo es la última batalla de la larga guerra de los hombres contra las mujeres. La postura de las mujeres es extremadamente precaria... podríamos llegar a vernos privadas de cualquier elemento que nos garantice un poder contractual. En la historia de la humanidad, las mujeres han tenido un valor sólo gracias a su función reproductiva. Cabe preguntarse que si también nos van a quitar este último poder, que pasaría bajo control de los hombres, ¿cuál sería entonces el papel de las mujeres en un mundo futuro? ¿Las mujeres quedarán obsoletas? ¿Deberemos luchar para conservar y reclamar el derecho a la maternidad? ¿Acaso no nos ha engañado otra vez el sistema patriarcal? Por eso os digo, hermanas, que estéis con la guardia alzada".

Tales afirmaciones, en mi opinión, carecen de base. Las mujeres han tenido un papel importante en los principales equipos que han aplicado la FIV en el Reino Unido, en Australia y en Estados Unidos: Jean Purdy colaboró desde el principio con Edwards y con Steptoe en la investigación que condujo al nacimiento de Louise Brown; Linda Mohr dirigió la investigación sobre la congelación de los embriones en el Queen Victoria Medical Center de Melbourne; y en Estados Unidos, Georgeanna Jones y Joyce Vargyas desempeñaron un papel de primer orden, respectivamente, en las clínicas innovadoras de Norfolk, en Virginia, y en la universidad del Sur de Cafifornia. Es raro que una feminista no tenga en cuenta las aportaciones de estas mujeres.

El PAPEL DE LA MUJER

Aun admitiendo que la técnica siga estando mayoritariamente en manos de los hombres, es necesario recordar, pese a ello, que aquélla se desarrolló como respuesta a las necesidades de las parejas estériles. Por las entrevistas que han llegado a mis manos y por las reuniones a las que he asistido, he podido sacar la conclusión de que no hay duda de que ambas partes de la pareja están muy apenadas por la falta de hijos, pero si hay uno más aperiado que el otro, éste será, sin duda, casi siempre, la mujer. Por lo general, las feministas reconocen este hecho, pero lo atribuyen a la fuerza de los vínculos impuestos por la sociedad patriarcal. Pero lo que hay que dejar claro en primer lugar no es precisamente la causa del fuerte deseo de hijos por parte de la mujer. El problema fundamental es otro. Es decir, en qué sentido la nueva técnica constituye un instrumento de dominación de las mujeres por parte de los hombres. Si es cierto que esta técnica es una respuesta concreta a los deseos de las mujeres yde los hombres, es difícil comprender, entonces, por qué razón las feministas la condenan.

Sean cuales fueren las motivaciones originarias de la FIV, e independientemente de los beneficios que pueda ofrecer a las parejas estériles, podríamos objetar el que el ulterior desarrollo de técnicas como la ectogénesis -es decir, la formación y crecimiento del embrión fuera del cuerpo materno, en un vientre artificial- fuese a disminuir la posición social de la mujer. Como sostuvo Shulamith Firestone hace unos años en The dialectic of sex, que es una notable obra feminista, esta posibilidad elimina la barrera biológica fundamental que impide la total igualdad de los sexos. Por esto, Firestone acogía favorablemente la posibilidad de la ectogénesis y deploraba la escasa importancia que nuestra sociedad machista atribuía a las investigaciones en este campo.

El punto de vista de Firestone, sin lugar a dudas, buscaba más bien la igualdad entre los sexos y no habría aceptado la despectiva opinión de Rowland. En efecto, si se sostiene que romper el vínculo entre la mujer y la maternidad significa eliminar la situación de la mujer en la sociedad, ¿qué debería decirse, entonces, de la capacidad de las mujeres para alcanzar la plena igualdad en otras esferas de la vida? Yo no soy tan pesimista. Por ello pienso que la puesta a punto de una técnica que permita a las mujeres tener hijos sin quedar embarazadas es algo que les proporcionará más ventajas que inconvenientes.

Las objeciones de naturaleza ética que pueden oponerse a la FIV en el caso simple no son muy válidas. No deberían repre

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sentar un obstáculo para la aplicación de la FIV cuando ésta es la mejor manera de superar la esterilidad y o cuando la pareja estéril no está dispuesta a resolver el problema por medio de la adopción.Por otro lado, la FIV podría aplicarse en circunstancias totalmente diferentes a las del caso simple. Enumeremos algunas: 1. Podría tratarse de una pareja que no está casada legalmente; o incluso, la única paciente podría ser la mujer, sin necesidad de tener ninguna relación con la pareja. 2. La pareja podría no, ser estéril, pero podría preferir la FIV por otras razones; por ejemplo, en el caso de que la mujer fuera portadora de un defecto, genético. 3. La esperma, o el óvulo, o ambos, podrían pertenecer a terceros, y no a la pareja en cuestión. 4. Algunos embriones podrían no ser introducidos en la mujer, sino que podrían congelarse y conservarse para ser usados posteriormente, o ser donados a otras personas, o utilizados en la investigación o, simplemente, desechados.

Todas estas variantes; del caso simple plantean problemas de difícil solución, al menos a nivel potencial. Digo a nível potencial porque en ciertos casos las dificultades aprecien sólo en los casos más extremos. Por ejemplo, no hay razones válidas para crear discriminaciones hacia las parejas no casadas legalmente, pero que gozan de una situación estable de facto; por otro lado, debería valorarse más atentamente el caso de mujeres solas que quieran utilizar la FIV. Es cierto que las mujeres solas no estériles tienen plena libertad para procrear; de todos modos, el médico que asiste a una mujer estéril debe tener cuidado, en cierta medida, de que el niño, después de nacer, crezca en un ambiente que le garantice que va a comenzar su vida de una manera adecuada.

En cambio, no plantea demasiados problemas la utilización de la FIV por parejas estériles cuando, la mujer sufre algún defecto genético grave; si se admite la inseminación artificial en el caso en que el hombre sufra un defecto semejante, habría que hacer lo mismo con la FIV en el caso de la mujer. Pero también aquí surgen interrogantes. ¿Hasta dónde llegar? ¿Qué hacer cuando el defecto carece de importancia? O, si la mujer no tiene ningún defecto, pero desea el óvulo de una amiga cuya inteligencia o belleza considere superior a la suya? Existe ya un banco de esperma en California que ofrece a mujeres seleccionadas el esperma de científicos premiados con el Nobel. A este paso, pronto se ofrecerán óvulos de la misma manera. Lo que sí está claro es que, Por ahora, mientras la oferta de FIV siga siendo escasa, deberán tener prioridad las personas estériles o portadoras de defectos genéticos.

LA ÉTICA

La utilización de esperma, óvulos y embriones plantea ulteriores interrogantes. Existe un precedente, el de la utilización de esperma donado en la inseminación artificial. A este respecto se ha visto la necesidad de proporcionar a la pareja un servicio de consulta para los problemas psicológicos que pueden surgir en casos semejantes. Se plantea la pregunta, asimismo, de si el niño ha de ser informado sobre su origen genético. Muchos niños adoptados en su día consideran ahora que tienen derecho a una información completa. Hay motivos; para afirmar que tienen el mismo derecho las personas nacidas gracias a la utilización de esperma de óvulos donados. Debería informarse a los padres legales sobre los datos referentes a la persona del donante -pero de manera que no permita su identificación-, con el fin de que el niño sea informado posteriormente.

El punto más controvertido es de orden ético. Se refiere a lasituación del embrión, y se plantea en particular cuando se considera la eventualidad de crear un número de embriones mayor del que se van a introducir de una vez en la mujer. La posibilidad de eliminar algunos embriones o de utilizarlos en la investigación científica no es aceptada por quienes consideran que el embrión es un ser humano y, como tal, dotado de igual derecho a la existencia. Ni siquiera la congelación de los embriones satisface a quienes comparten tales opiniones, pues en el momento actual las posibilidades de que un embrión congelado se convierta en un niño de carne y hueso no son demasiadas. Pero, dejando a un lado las concepciones religiosas, ¿es plausible sostener que el embrión tiene derecho a la existencia?

Quienes afirman tal derecho parten de un presupuesto equivocado, es decir, que la mera pertenencia a la especie homo sapiens sea suficiente para otorgar derecho a la existencia. Pero, ¿por qué la pertenencia a esta especie debería ser decisiva desde el punto de vista moral? Si consideramos que está mal destruir algo, sin duda habrá que tener presentes sus características reales, y no sólo la especie a la que pertenece. El embrión que acaba de ser concebido ocupa un escalón muy bajo en la escala biológica. Carece de cerebro y de sistema nervioso, y, presumiblemente, es totalmente incapaz de tener sensaciones de dolor o de otro tipo. ¿Por qué entonces deberían tener un derecho a la existencia mayor que el de otras criaturas como los perros, los cerdos, etcétera, que poseen una mucho mayor capacidad de percepción? ¿Quizá porque el embrión tiene en potencia la posibilidad de convertirse en un ser humano completo? Pero, si es ésta potencialidad la que resulta decisiva en fin de cuentas, ¿cómo es que nadie levanta objeciones contra la destrucción del óvulo y del esperma antes de su unión? Considerados colectivamente, un óvulo y una gota de líquido seminal poseen también, ambos, la potencialidad de transformarse en un ser humano. Si e lícito impedir que esta potencialidad llegue a realizarse, ¿por qué debería ser erróneo tomar esa decisión uno o dos días después, impidiendo así al embrión que llevase a cabo su propia potencialidad? Hasta el momento en que el embrión no haya desarrollado una capacidad sensitiva y haya adquirido así una relativa autonomía merecedora de tutela, es imposible sostener que debe tener derechos.

De todo esto se desprende que mientras la pareja siga dando su consentimiento no hay ninguna objeción ética que impida descartar embriones que se han formado poco antes. Tanto mejor si pueden ser utilizados en investigaciones importantes. Lo que es importantes es que el embrión no siga conservándose después de que se haya formado el cerebro y el sistema nervioso, que le permiten sentir dolor.

Por lo que respecta a la congelación del embrión con vistas a su posterior traslado al seno materno, esto no implica ningún riesgo de anormalidad, y parece que no hay nada que objetar.

Así pues, si, por un lado, estos casos más complejos nos arrastran a un terreno más controvertido desde el punto devista ético, por el otro queda claro que no puede darse una oposición global a la aplicación de la FIV más allá del restringido ámbito del caso simple. Es necesario valorar atentamente cada paso ulterior antes de darlo. Algunas opciones resultarán, al final, inoportunas; pero otras resultarán beneficiosas y libres de objeciones serias.

¿Cuál es nuestro futuro? La FIV ha abierto el camino a una amplia gama de ulteriores posibilidades. Dentro de no mucho tiempo deberemos decidir qué posibilidades habrá que desarrollar y cuáles rechazar. Veamos algunas: 1. Una madre sustitutiva podría traer al mundo a un niño para otra pareja, a la que se confiaría el niño después del nacimiento. Los padres genéticos podrían ser incapaces de concebir de manera normal, o simplemente podrían considerar m método de sustitución. La madre-sustituta podría ser recompensada por su servicio. 2. Podrían utilizarse los embriones para proporcionar órganos a personas que necesitan un trasplante. Se ha sugerido que el tejido de los embriones podría restituir las funciones nerviosas a los parapléjicos. Se permitiría el desarrollo de los embriones hasta el momento en que los órganos comenzasen a formarse, tras lo cual éstos se separarían y se pondrían en cultivo hasta cuando adquiriesen el tamaño adecuado para su utilización. 3. Podrían producirse numerosos embriones, identificando sus características genéticas; el embrión que se considerase mejor se trasladaría al seno materno, y los demás se descartarían. Como altemativa, será posible en un futuro modificar las características genéticas de un embrión con el fin de eliminar los defectos e introducir las características genéticas deseables.

Comencemos por la maternidad delegada. Con la inseminación artificial ésta es ya una realidad. Y, puesto que no exige una asistencia médica especializada, resulta imposible detener su desarrollo. Lo mejor que se puede hacer es regularla, tratando de eliminar algunos problemas que pueden presentarse: madres-sustitutas que desean conservar para sí el niño, o que amenazan con abortar con el fin de conseguir más dinero de la pareja estéril; o bien parejas que se niegan a aceptar al niño nacido con malformaciones. La maternidad delegada según el método de la FIV no implica problemas demasiado serios; antes bien, desde el punto de vista psicológico, podría ser más fácil para la madre-suistituta separarse de un nido que no es suyo genéticamente hablando. Por otro lado, es muy posible que vaya a aumentar el número de parejas interesadas por la maternidad delegada si el niño puede ser el hijo genético de ambos padres.

Sin embargo, un sistema comercializado de maternidad delgada puede traer consigo graves problemas, pues podría, por ejemplo, dividir a la sociedad en dos grupos: los pobres que paren niños como siempre y los ricos que los encargan. Quizá podría, establecerse, finalmente, algún, sistema aceptable que consistiese, por ejemplo, en un sistema regulado de delegación de pago, pero por el momento parece más conveniente restringir la maternidad delegada a los casos en los que la motivación tenga carácter altruista y el pago se limite al desembolso de los gastos reales causados por el embarazo.

EL 'POOL' GENÉTICO

De todas las posibles aplicaciones de la FIV, la selecición y la ingeniería genética son las que plantean interrogantes más amplios y complejos. ¿Es deseable la manipulación del pool genético humano? Si la respuesta es afirmativa, ¿en qué dirección? Nosotros manipulamos ya el pool genético cuando damos consejos genéticos en la consulta médica y cuando aconsejamos la amniocentesis y el aborto a pacientes con elevado riesgo de tener hijos con defectos genéticos. Y esto no es una novedad, al menos por lo que respecta al impacto sobre el pool genético: otras sociedades humanas practicaron, el infanticidio con el mismo fin.

La ingeniería genética, por ello, se diferencia de todo esto sólo por el tipo de técnicas que emplea. Pero se trata de una diferencia importante: las nuevas técnicas son muchísimo más poderosas y nos permiten, al menos en principio, seleccionar los caracteres deseables y, asimismo, eliminar los caracteres no deseados. Muchos temen que estas técnicas puedan proporcinar a los Gobiernos un poder excesivo: la tentación de programar generaciones futuras dóciles que voten siempre al partido gobernante puede convertirse en irresistible.

Pero este temor es exagerado. La mayor parte de los líderes políticos desea resultados a corto plazo, mientras que serían necesarios por lo menos 18 años para que la ingeniería genética pudiese producir efectos como estos de tipo electoral. Si hemos sido capaces de mantener nuestra libertad en una sociedad dominada por la televisión y por la instrucción pública, deberíamos tener igualmente éxito en el caso de la ingeniería genética. Con el paso del tiempo acabaremos aceptando la utilización de la ingeniería genética, y no sólo para la eliminación de eventuales defectos, sino también para introducir modificaciones positivas en las características genéticas.

Sin duda, es difícil distinguir entre la eliminación de un defecto y una modificación positiva. Si aprendemos a eliminar una amplia gama de defectos que nos predisponen a enfermedades corrientes, entonces habremos creado un hombre anormalmente sano. Si consiguiésemos operar sobre la inteligencia, ¿deberíamos limitamos solamente a eliminar los casos de deficiencia mental, o bien deberíamos intentar elevar también el coeficiente medio? Si pudiésemos eliminar las personalidades demasiado propensas a las depresiones, ¿sería un error tratar de dar vida a personas un poco más alegres de lo que solemos ser la mayoría de nosotros? Si eliminásemos las tendencias hacia la violencia criminal, ¿no sería posible desarrollar un poco de amabilidad en el ánimo humano? En definitiva, si los riesgos de semejante empresa son altos, lo son también sus beneficios.

Traducción: C. A. Caranci.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de junio de 1986

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