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Crítica:CINE

La bula de Belmondo

Ese personaje en que Jean-Paul Belmondo se ha especializado, por no se sabe qué decreto de su contagiosa simpatía de buen y sutil bruto, parece tener tina especie de bula: es el único bueno del cine al que, se le permite -e incluso se celebran cuando da un recital de ellas- propinar a los malos patadas en los testículos, auténticos, golpes bajos. Ha incorporado Belmondo al equipaje ofensivo de los buenos de siempre las peores artimañas de los eternos villanos.Para que no se nos olvide esta marca de fábrica, Hold-up comienza con una contundente patada del ilustre pegón francés en mitad del mal sitio de su enemigo de turno, un tremendo y pegajoso grandullón. Pero uno echa de menos la retórica agilidad con que el Belmondo de hace 20 años rompía entrepiernas de gánsteres en, por ejemplo, El hombre de Río. Los años no pasan gratuitamente.

Hold-up

Director: Alexandre Arcady. Producción francesa, 1985. Intérpretes: Jean Paul Belmondo, Kim Katralli, Guy Marchand. Estreno en Madrid: cine Avenida.

Todo HoId-up es un número, o una sucesión de ellos, para el lucimiento del astro francés, que ya no puede repetir con la misma capacidad de convicción sus hazañas del pasado. Su agilidad perruna se hace ahora verbal y más reposada, derivando a la autocaricatura. Un buen recurso para no hacer el ridículo es asumir este ridículo y volverlo en forma de ironía a favor de quien podría padecerlo.

La película tiene un argumento original, pero el juego que en ella impone Belmondo ha perdido una buena parte del encanto de sus películas de juventud, en especial las que hizo con Philippe de Broca. Es inevitable. El buen actor que Belmondo lleva dentro debiera buscar caminos más ajustados para. su actual, fisonomía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de mayo de 1986

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