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CARTAS AL DIRECTOR

Los restos de Trujillo

Montreuil, Francia.

Le escribo a fin de completar la información aparecida en su diario bajo el título El dictador Leónidas Trujillo está enterrado en El Pardo (martes 4 de febrero, página 9).El principal informador del periodista Carlos Fresneda en dicho artículo parece ser Salomón Sanz, amigo de la familia Trujillo, lo que explicaría el silencio del citado señor en torno a las circunstancias que provocaron el desentierro de Rafael Trujillo del cementerio parisiense del Pére Lachaise.

María Martínez Alba, viuda deTrujillo, reclamó en un principio a la villa de París 75 metros cuadra dos para erigir un monumento funerario en honor del general-presidente. Posteriormente moderó su demanda y pidió que se le conce dieran 15 metros cuadrados. El municipio no aceptó ni tan siquiera los 15 metros cuadrados de la segunda petición, ya que el regla mento en vigor limita las concesio nes a cuatro metros cuadrados de terreno.

El prefecto de París intervino en favor de la viuda de Trujillo otorgándosele, tras una derogación excepcional, una superficie de ocho metros cuadrados, es decir, el doble de lo autorizado. Trujillo es inhumado el 28 de abril de 1963. Inmedíatamente, hombres de paja de una compañía de pompas fúnebres solicitan cuatro emplazamientos vacantes en el espacio que circunda la concesión de ocho metros cuadrados donde. había sido enterrado el dictador dominicano. Las concesiones se efectúan sin problemas, y el 16 de noviembre de 1963 se inician los trabajos para terminar de construir el monumento. Pero el fraude mediante el que se pretendía ampliar la primera concesión es descubierto por la administración del cementerio. La viuda de Trujillo, después de diversas peripecias jurídicas, fue condenada por el Tribunal Administrativo de París. Las concesiones fraúdulentas con las que había engrandecido la tumba le fueron confiscadas y la obra efectuada sobre las mismas tuvo que ser demolida.

El traslado de los restos de Trujillo de París a Madrid se explicaría por las desventuras póstumas que aquí he narrado. Por otra parte, en la España de Franco, para los Trujillo nunca hubieran regido, caso de existir, las estrictas ordenanzas de los cementerios de París-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de febrero de 1986