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30ª SEMANA DE CINE DE VALLADOLID

Películas de Michael Cimino y del británico Peter Smith sitúan el festival a gran altura

Tres filmes muy diferentes mostraron ayer en Valladolid que la violencia, en cuanto asunto cinematográfico, sigue siendo un filón de buen cine. Las películas a concurso fueron la brasileña y muy irregular Avaete y la británica No Surrender, magnífica. La tercera película, fuera de concurso, es The year of the dragon, última obra del controvertido Michael Cimino, que alcanza en ella una sorprendente fusión entre brotes de intimismo y de documento social. Los tres filmes hicieron ganar muchos quilates a la hasta ahora aceptable altura del festival vallisoletano.

El director norteamericano Michael Cimino es un hombre de cine de esos que provoca a unos ira y a otros admiración, pero que a nadie deja indiferente. Hay quien le considera un criptofascista nostálgico y hay quien lo ve como un megalómano que pretende abarcar más de lo que puede.En sus películas anteriores, sobre todo El cazador, (The deer hunter) hay argumentos para conceder la razón a unos y a otros, pero -y esto es lo que a la larga importa- también los hay para apoyar a los que quieren ver en este director, ante todo, sus cualidades de cineasta original y poderoso, que son muchas e indiscutibles.

The year of the dragon (que en España se titulará Manhattan sur) es un filme que confirma este último punto de vista: es la obra de un cineasta excepcionalmente dotado para expresar en la pantalla situaciones de extrema violencia y combinarlas sin niguna artificiosidad con otras de gran finura e incluso delicadeza en los dibujos intimistas. La película se sitúa entre el cine de reflexión y el cine de pura acción; entre imágenes de un apasionado lirismo e imágenes de desatada violencia.

Este durísimo filme de Michael Cimino sigue la senda irazada por El cazador, pero en este caso exhibe un mucho mayor dominio del conjunto de la película. Los vaivenes de interés e intensidad narrativa que se observaban en El cazador no se producen en Manhattan sur, que sigue a rajatabla un trazado de alta precisión en las líneas maestras de interés, sin otras caídas que las estrictamente necesarias para que la desmesurada tensión dramática se haga respirable para el espectador.

Filme negro de pura estirpe, Manhattan sur incorpora a las tradiciones de este género con entidad propia las obsesiones personales de Michael Cimino; el carácter explosivo que late en el subsuelo de las minorías sociales y raciales en los Estados Unidos; la acción individual violenta como único, pero también absurdo, recurso contra la violencia colectiva; y la desesperación y el desmoronamiento como resultantes trágicas del precipitado de los dos rasgos anteriores.

Cine pesimista, que una vez más se vertebra en las antípodas del burdo Rambo- sobre la sacudida anímica que para los norteamericanos de la pasada década fue la derrota de su país en la guerra de Vietnam, no ve ni ofrece soluciones, sino sólo la falta de esperanzas, es decir, la desesperación. Esta película expresa tal desesperación y se agota en esa expresión. Su autor describe un caos y no sabe ni pretende saber salir de él. Buen, magnífico, puro cine negro de la mejor tradición, recuperado intacto para hoy, sin hacerle perder su aroma, o tal vez su hedor, de antaño.

Nochevieja en Liverpool

No Surrender es el primer largometraje del británico Peter Smith. Se trata de un notabilísimo filme -el mejor con mucho de cuantos se han presentado hasta ahora a concurso en la Semana Internacional de cine de Valladolid- que narra una complicada historia colectiva. En ella, tres grupos, o si se quiere tres hordas, de personas viejas -unos católicos, otros protestantes integristas y los terceros vagabundos subnormales- coinciden en una esperpéntica fiesta de Nochevieja en un tugurio situado en las afueras de Liverpool, que está regentado por una pandilla de gánsters.Esta es la sorprendente situación de arranque de la película. Le sigue un desencadenamiento de situaciones y actos atroces a la vez que divertidísimos, que rozan lo imprevisible y que están a su vez jalonados por otros instantes, unos feroces y otros relajantes, de violencia y de humor, que se suceden en rapidísimas transiciones. Este es el sello de un auténtico hombre de cine.

Un despertar

Aplastado desde hace dos décadas por la colonización de las compañías multinacionales norteamericanas -alrededor del 90% de la producción cinematográfica inglesa está controlada desde los Estados Unidos- hay indicios de que el cine inglés genuino comienza poco a poco a despertar de ese aplastamiento. Zina de Ken McKullen, presentada en el último Festival de San Sebastián, y ésta, No Surrender, de Peter Smith, son dos de estas obras aurorales que paradójicamente reflejan, cada una a su manera, dos crepúsculos.Avaete, del brasileño Zelito Viana, es una película interesante, pero muy irregular en su desarrollo y ejecución. Comienza como un buen filme de aventuras, crudo y muy violento; se vuelve después un aceptable documento social; evoluciona más tarde hacia un mediano melodrama de arrabal; se hace poco a poco un mal cine de denuncia política; y acaba por no se sabe dónde, en una confusa mezcolanza de lo mejor y lo peor de las tradiciones del cine brasileño de la década de los sesenta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de octubre de 1985