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Crítica:TEATRO

Ionesco en escena, sí, pero de interpretar, nada

"No es la primera vez que Eugène lonesco sube a un escenario", decía el programa de mano. Cierto; el Centro Georges Pompidou y el British Council organizaron en 1983 el estreno mundial, en lengua francesa, de una obrita de Virginia Woolf para conmemorar el centenario de su nacimiento: Freshwater, una obrita para representar en familia, escrita con ocasión del cumpleaños de su sobrina Angélica. Pues bien, en esa función, dirigida por Simone Blenmussa, Eugène Ionesco interpretaba un papel, junto a su esposa Roudica, el crítico Guy Dumur, Viviane Forrester, Michel Déguy, Florence Delay, Alain Jouffroy... Todos escritores e intelectuales: "la soirée la plus snob de l'année", como se la llamó."En esta ocasión", decía también el programa de mano, "encontramos a Eugène lonesco solo encima de un escenario. Se trata de un reencuentro entre la literatura y el público, entre el teatro y los espectadores, a partir del conocimiento directo del más grande de los dramaturgos europeos vivos del siglo XX". Ignoro si eso del "más grande" es una invención de los responsables del Teatre Principal de Vilanova o bien si es de la cosecha del propio Ionesco, pero en cualquier caso me parece una chiquillada, de pésimo gusto, y más cuando unas líneas antes se dice: "lonesco es el padre indiscutible, con Samuel Beckett, del denominado teatro del absurdo".

Ionesco a escena

(Eugène lonesco interpreta personalmente dos obras de su repertorio). Teatre principal de Vilanova i la Geltrú, 27 de octubre.

Lectura monótona

¿Ionesco a escena? Sí, pero sentadito frente a una mesa, con una botellita de agua mineral, su correspondiente vasito, una lamparita y un libro en las manos. Leyendo. Y leyendo bastante mal y de manera monótona. De interpretar, nada. En cuanto a las "dos obras de su repertorio", tal y como anunciaba el programa de mano, se reducían, en la primera parte, a "Pour quoi j'escris?"' (sic), y, en la segunda, a la lectura de uno de sus relatos. En cuanto a la primera parte, el académico decidió suprimirla. Según me dijeron ya la había "interpretado" en la rueda de prensa que ofreció a las 17.30 en el mismo teatro. Así que lonesco inició su espectáculo leyendo. ¿Qué leía? Lo ignoro. Tal vez fragmentos de Voyages chez les morts, su saga autobiográfica, de la que Planchon escenificó en 1983 una parte, en un espectáculo que se titulaba precisamente Ionesco y en el que el escritor era interpretado, muy bien interpretado, por el actor Jean Carmet. Al cabo de una hora terminó la primera parte, durante la que habían abandonado el local trece personas. Fuimos a tomar un café al bar de enfrente y al empezar la segunda parte volvimos al teatro. Y allí estaba "el más grande autor europeo viviente", sentado frente a la mesita, en medio del escenario, leyendo. Entonces fuí yo el que abandoné y me volví para Barcelona. Les aseguro que no me pillarán dos veces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de octubre de 1985

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