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Marcelo García Jáuregui

Dirigente universitario argentino, considera que el movimiento estudiantil de su país debe pasar de la agitación a la construcción

Marcelo García Jáuregui, militante radical y presidente de los 600.000 estudiantes integrados en la Federación Universitaria Argentina (FUA), está tan absorbido por la actividad política que ya recuerda muy lejana aquella época de adolescente en que hacía representaciones teatrales y sentía interés por el cine. Con aspecto serio y un cierto aire de mayor prematuro, Marcelo ha protagonizado gran parte del seminario sobre jóvenes dirigentes del Cono Sur, clausurado el pasado viernes, en el marco de los Encuentros de Cabueñes (Gijón).

Su mensaje ha sido claro y rotundo: "El movimiento estudiantil argentino debe superar su pasado de agitación y movilizaciones y contribuir al proceso de construcción del país".Casado y padre de una niña, Marcelo García Jáuregui tiene 25 años y aún no ha podido terminar la carrera de Derecho, "porque la lucha ha sido intensa y exigente". Miembro de la Organización de Estudiantes Radicales Franja Morada, mayoritaria entre las cinco agrupaciones de alumnos que constituye la FUA y vinculada al partido de Raúl Alfonsín, asegura "haber aprendido mucho de la transición política españoIa".

Comprometido políticamente desde los 15 años -uno de sus abuelos era también radical-, Marcelo García se muestra autocrítico con algunas tentaciones elitistas del movimiento estudiantil, sobre todo "cuando en algunos momentos, tal vez con cierta soberbia, se subrogó el destino de toda la nación y generó un proyecto de cambio revolucionario que no coincidía con el nivel de conciencia general ni con la capacidad de captación de las clases populares".

El presidente de la FUA es hoy un decidido partidario del consenso político con los grupos afines, "porque ya no se trata de agitar socialmente lo más posible, como antes. La situación ha cambiado y nuestro objetivo es aglutinar a todos los colectivos que plantean reivindicaciones compartidas, incapaces hasta ahora de defender un proyecto global de cambio".

García Jáuregui está conveacido de que esta tarea es posible y pone el ejemplo de la FUA, "unida por primera vez en 40 años y en contacto con otras organizaciones de jóvenes para lograr actuaciones conjuntas".

El presidente de la FUA insiste en relativizar la importancia del movimiento estudiantil, "que sólo representa al 15% de la población, mientras que hay otro 20% de jóvenes argentinos que pueden considerarse analfabetos", y cuestiona la actitud de algunas organizaciones derrotistas, "convencidas de que ya hemos tocado techo y no hay nada que hacer". Mientras hace estas reflexiones, Marcelo García recuerda también que su actual cargo, para el que fue elegido en julio de 1984, sólo le permite estar con su mujer y su hija, residentes en Buenos Aires, dos días por semana. El resto del tiempo permanece ocupado por la vorágine de los viajes y los pactos públicos, que intenta paliar "con mecanismos de compensación". Dentro de un año abandonará esta responsabilidad, por la que no recibe una remuneración: procura, conseguir el mayor número de invitaciones y desplazamientos gratuitos y casi vive de lo que gana su mujer, que trabaja como secretaria. Aun así, Marcelo seguirá en la política: "Una vez que empieza, no hay quien lo deje, y si no hay pretextos, se los inventa", asegura.

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