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CARTAS AL DIRECTOR

La apología del tabaquismo

Modestamente, puedo asegurarle que, si hay alguna cualidad que yo posea, ésa es la paciencia. Paciencia para ahuyentar el humo del puro del comensal de al lado tímidamente con mi servilleta cuando como en un restaurante. Paciencia para impedir que mi vecino de ascensor me chamusque el lóbulo de la oreja con su cigarrillo. Paciencia para echarme algún colirio en los ojos tras una sesión de trabajo con compañeros a los que respeto su vicio. Paciencia para asomar las narices por la ventanilla del taxi cuando el conductor se permite análogo lujo al del señor Cueto en el autobús guineano.Soy, en suma, lo, más alejado a un miembro de la cruzada antitabáquica. Me parece, sin embargo, absolutamente intolerable que, hoy día, un medio como el que usted dirige sea utilizado no sólo para la apología de la propagación del tabaquismo, sino también para justificar -y en este caso alentar- la transgresión de elementales normas encaminadas a proteger la convivencia.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de mayo de 1985