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El aborto clandestino,origen de numerosas muertes

, Madrid
Aunque los abortos por motivos éticos y eugenésicos se realicen en centros de la Seguridad Social, el aborto clandestino -calificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como altamente peligroso para la salud- seguirá siendo una realidad en nuestro país, en opinión de los especialistas. Estos dos supuestos permitirán resolver, cuando la ley entre en vigor, sólo un porcentaje mínimo de los casos que se plantean anualmente en España y que las estadísticas más fiables cifran en un 3%.

AZUCENA CRIADO

La mayoría de los métodos tradicionales de aborto clandestino tiene en común que no está plenamente probada su eficacia y pone en grave. riesgo la salud de la mujer. Según las estadísticas españolas, que se ajustan a la clasificación internacional de enfermedades elaborada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se produjeron 48 muertes por aborto inducido entre 1975 y 1979, aunque esta cifra no refleja probablemente la realidad.En las defunciones por otros procesos patológicos que pueden estar causados por abortos en malas condiciones -como tétanos e infecciones de riñón- se produce casi el doble de fallecimientos en mujeres en edad fértil que en hombres, por lo que estas muertes pudieran ser imputables a la interrupción voluntaria del embarazo, según señala Josune Aguinaga en el estudio que sobre el aborto ha realizado por encargo del Instituto de la Mujer.

Este estudio se ha realizado para subsanar la ausencia total de datos sobre él conjunto de situaciones en que se manifiesta el aborto en España. Hasta ahora no se ha realizado ninguna investigación de este tipo y toda la literatura científica existente es de autores extranjeros.

Obligadas por la clandestinidad, las mujeres recurren a todo tipo de métodos para interrumpir voluntariamente su embarazo. A los baños de agua muy caliente y los purgantes, recomendados como abortivos por los romanos, se han unido distintas recetas de brebajes realizados con plantas tóxicas, como la ruda -que puede encontrarse en los parques madrileños-, o inyecciones vaginales de coca-cola y otros productos igual de peligrosos.

Hay también combinados farmacéuticos con poder abortivo, como el Metergim, que se puede adquirir fácilmente sin receta, y muchas mujeres confían en la pronta comercialización de los métodos impulsados por grupos feministas, pero todavía en fase de experimentación, como los supositorios vaginales de prostaglandinas. Curiosamente, se ha observado que los métodos de aborto clandestino -quizá porque se transmiten oralmente de unas mujeres a otras- están directamente relacionados con los hábitos culturales en áreas geográficas muy extensas, y así, métodos plenamente aceptados en unas zonas son totalmente rechazados por ineficaces en otras.

En Filipinas, por ejemplo, los masajes abortivos son ampliamente utilizados; en la India, el método más extendido es la introducción de raíces de árboles en la vagina, y en el Caribe, las inyecciones vaginales de coca-cola ponen en grave peligro la vida de las mujeres que, cada vez con mayor frecuencia, recurren a ellas.

En España también se utiliza el pericelo de laminaria como abortivo. Ésta es un alga que se corta en cuñas muy pequeñas, como la punta de un bolígrafo, que, colocadas en el cuello del útero, provocan una dilatación progresiva. A los dos o tres días sobreviene el aborto.

En Europa también es frecuente el uso de inyecciones vaginales, sin duda el método más peligroso. Según los datos recogidos por un hospital de Londres -antes de que le legálizase el aborto en el Reino Unido-, un 2% de las mujeres se autoprovocaba el aborto ingiriendo productos químicos, como quinina con purgantes, por vía oral; un 30% recurría a las inyecciones vaginales; un 11,7%, alos instrumentos punzantes intrauterinos; otro 15,6% también recurría a la introducción de cuerpos extraños en el útero, pero blandos; sólo un 0,8%. utilizaba productos para "dilatar el útero y expulsar el feto, generalmente hierbas, y un 36,8% se englobaba en "técnicas desconocidas". Un 53% de las mujeres ignoraba qué instrumento se había utilizado exactamente con ellas.

Prostaglandinas

Mucho más rápido actúa el supositorio vaginal de prostaglandinas, una sustancia que se obtiene químicamente en el laboratorio y que se encuentra en el cuerpo de la mujer en el momento del parto. Ha demostrado su efectividad en un 86% de los casos, provocando una hemorragia similar a la menstruación a las cinco horas de administrarse en embarazos de hasta 12 semanas. Es un método comercializado en pocos países y, por tanto, poco extendido, pero las feministas lo consideran un método casi perfecto, ya que evita la intervención médico-quirúrgica.

Sí está comercializada en España la llamada píldora del día siguiente -prociclo-, que evita la implantación del óvulo fecundado, y un preparado que se utiliza normalmente después de los partos -el Metergím-, que provoca fuertes contracciones del útero, por lo que tiene también un efecto abortivo. Aunque teóricamente se necesita receta para adquirirlo, no hay control del número de envases vendidos. Evita, además, las hemorragias.

Los métodos más peligrosos

Los métodos más peligrosos para interrumpir el embarazo son las inyecciones vaginales, generalmente de distintas soluciones jabonosas, -sales de plomo, mercurio, aluminio, permanganato potásico, alcohol y Coca-Cola. El 50% de los productos inyectados en vagina produce la muerte casi fulminante. Paradójicamente, se ha extendido el uso de la CocaCola como uno de estos productos, al tiempo que los sectores más reaccionarios de Estados Unidos han lanzado una campaña, que cuenta con el apoyo personal de Ronald Reagan, en contra del aborto legal.El aire bombeado en el útero puede provocar una embolia mortal, y la quinina en pastillas puede tener también efectos mortales. En los casos en que se utiliza material no esterilizado, o rabos de perejil o de hiedra, para dilatar el útero, el riesgo más frecuente es el de fuertes infecciones que pueden suponer la extirpación de la matriz.

En ocasiones, además del grave riesgo que corren, las mujeres no tienen la certeza de que hayan logrado interrumpir su embarazo. Por otra parte, no se sabrá nunca hasta qué punto algunos de estos métodos son realmente ineficaces o se les tacha de tales únicamente para que no se utilicen. Los baños de agua caliente, por ejemplo, es uno de los métodos sistemáticamente recomendados por las mujeres y tachado, al tiempo, de inútil por los médicos. Otro tanto ocurre con los masajes y los ejercicios bruscos.

Es paradójico también el distinto calificativo de beneficiosas o tóxicas que se da a algunas hierbas y preparados, según se utilicen para acelerar un parto o provocar un aborto. El azafrán, por ejemplo, se recoge en la última edición de El Dioscórides renovado, del catalán Pío Font Quer, en los siguientes términos; "En infusión o cocimiento conduce al aborto, con consecuencias tan peligrosas como la muerte de la madre", pero al tiempo incluye una cita del siglo XVIII en la que se considera que "el azafrán remedia muchas enfermedades de la matriz. Provoca la menstruación y ayuda maravillosamente a los partos dificiles".

Además del azafrán, este autor cita como abortivos la ruda en cantidades muy pequeñas, porque es tóxica; el tejo y la sabina, que también son tóxicos; la corona del rey y la corona de la reina (estas últimas no son venenosas, pero se pone en duda su eficacia). El tarraguillo, que la gente en el campo lo considera abortivo, lo recomienda Pío Font Quer únicamente para regularizar la menstruación si se toma en dosis muy precisas. El uso de hierbas está tan extendido que en Birmingham se encontraron 31 productos que se vendían en herborísterías como abortivos.

Estas plantas actúan básicamente como purgantes, provo-cando contracciones muy fuertes de los músculos abdominales, que expulsan el feto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de mayo de 1985

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