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Escándalo en Austria por la venta de fetos y órganos, humanos a la industria cósmética

El descubrimiento de un comercio ilegal de fetos y órganos humanos destinados a la fabricación de productos de belleza ha provocado en Austria un escándalo de enormes proporciones. Embriones procedentes de las dos principales clínicas de abortos de la capital austriaca han sido vendildos regularmente en los últimos años a la industria cosmética. Las grandes emp resas de este ramo han comprado también testículos y meninges extraídos durante las autopsias a fallecidos en la policlínica estatal vienesa, informa Hermann Tertsch.

El escándalo ha sido revelado por la revista mensual austriaca Ikarus, y denuncia un vacío en la legislación que ha hecho posible que parte de los más de 70.000 abortos que se producen anualmente en Austria hayan servido de materia prima para la fabricación de productos cosméticos. Dos redactores de la revista, que se hicieron pasar por representantes de una compañía francesa de productos de belleza, establecieron contacto con dos encargados del depósito de cadáveres de la Policlínica de Viena y mostraron su interés por comprar fetos humanos para su industria.En varias conversaciones, llevadas a cabo en parte en el mismo hospital y durante comidas de negocios en restaurantes, los dos miembros del personal del hospital llegaron a un acuerdo con los supuestos representantes franceses para la Venta de los fetos a 300 chelines (unas 2.500 pesetas) por unidad. Uno de los empleados del hospital manifestó durante estos encuentros haber estado vendiendo durante 14 años a una empresa de Alemania Occidental meninges humanas a razón de 100 chelines (830 pesetas) cada una. Los fetos ofrecidos a la venta procedían de las dos grandes clínicas que hay en Viena especializadas en la interrupción del embarazo, una en la calle del Fleischmarkt y otra en el periférico distrito 2 1, en la ribera norte del Danubio. Según la legislación austriaca vigente, estos fetos deben ser enterrados o incinerados., al igual que los órganos extirpados a pacientes o a cadáveres.

"Auténticos despieces"

También les ofrecieron testículos y meninges humanas de los cuerpos seccionados en el depósito de cadáveres de la clínica, que, al igual que las meninges y las glándulas pituitarias de los fetos, sirven para la fabricación de cremas faciales. Según manifestó a El PAIS uno de los investigadores de Ikarus, en la Policlínica de Viena "se han realizado auténticos despieces de cuerpos humanos con fines comerciales".

El acuerdo se cumplió en sus términos exactos: los periodistas recibieron de los dos empleados de la clínica los fetos humanos y, una vez comprobada su autenticidad por forenses del juzgado, presentaron denuncia. El alcalde de Viena, Helmut Zilk, de cuyo Ayuntamiento depende la clínica, ordenó el martes el inmediato despido de los dos empleados implicados en la venta.

Las asociaciones antiabortistas austriacas, que fracasaron en 1970 en su intento por mantener la prohibición del aborto y en todos sus intentos posteriores por forzar una revisión de la ley, han pedido un total esclarecimiento del caso. La secretaria general de la asociación Aktion Leben (Acción Vida), Grit Ebner, ha manifestado: "Si las mujeres tienen conocimiento de lo que va a pasar con los hijos que acaban de abortar, el número de abortos puede disminuir".

Fuentes médicas vienesas que no quisieron ser nombradas manifestaron a este periódico que, si bien habían sabido por la Prensa de este caso, en el que no está implicado personal médico sínoauxiliar, es posible, "incluso probable", que se den situaciones similares en otras clínicas. "Es muy difícil controlar la completa, incineración de todos y cada uno de los fetos y órganos procedentes de operaciones". Un miembro de la redacción de Ikarus manifestó ayer que las medidas tomadas por las autoridades no hacen sino confundir a la opinión públican presentando a los dos implicados como cabezas de turco para no verse obligadas a sacar a la luz todo el sistema de eliminación de fetos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de febrero de 1985