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La catástrofe aérea de Bilbao

José Luis Patiño, un piloto atistócrata

José Luis Patiño y de Arróspide, El Pato, 15º vizconde de Perellós, primo de los marqueses de Villanueva de las Torres, de los condes de Sástago y de los barones de Bétera, comandante del avión Boeing 727 siniestrado, había nacido en Madrid en 1933. Ingresó en la compañía Iberia el 19 de marzo de 1966, hace casi 19 años, después de haber volado en la compañía de vuelos charter Spantax, donde entró tras su paso por la Academia General del Aire, donde se formó como piloto.En Iberia, comenzó a volar como segundo piloto en los Convair, para pasar después, siempre como segundo, a la flota de DC-8. Más tarde fue ascendido a comandante, puesto que ejerció en las flotas de Convair, DC-9 y 727. Hasta el pasado día 15 de enero, fecha de su vuelta a su actividad normal después de su expulsión de la compañía Iberia, Patiño llevaba un total de 13.932 horas de vuelo, por lo que le puede considerar como un piloto muy experimentado y capaz, aunque conflictivo en sus relaciones personales. También estaba considerado como uno de los expertos en el siempre difícil aeropuerto de Sondica.

Patiño era un hombre grande y grueso. Tenía un carácter jovial y extrovertido, pero muy exaltado y cambiante, que le hacía pasar de la euforia a la irascibilidad en un instante y le había dado fama de conflictivo. Este carácter exaltado le había causado diversos problemas profesionales durante los últimos años, con enfrentamientos públicos con su anterior director de operaciones. Durante la larga huelga del pasado mes de junio, el comandante Patiño fue uno de los diez sancionados por Iberia con el despido aunque, posteriormente, fue readmitido, al igual que el resto de sus compañeros, por la sentencia favorable de Magistratura.

El despido de Patiño, según consta en su expediente, se debió a agresiones a uno de los comandantes que no quisieron sumarse a la huelga.

Ese mismo carácter exaltado le llevó a tener un incidente en el interior del avión con un pasajero que quiso quejarse ante el comandante del avión por un retraso que no había sido explicado.

Patiño salió de la cabina y, en lugar de dar las explicaciones solicitadas, se revolvió violentamente contra el pasajero.

Según las fuentes consultadas por EL PAÍS, la muerte por cáncer de hígado de su hermano menor, Alfonso, hace cinco años, afectó mucho al comandante Patiño. Su hermano también era piloto de Iberia, volaba con él como segundo y, de alguna manera, le servía de freno. Recientemente, tras ser readmitido por Iberia, había realizado un curso de refresco y superado el control psicofísico del CIMA (Centro de Investigación de Medicina Aeronáutica) que deben pasar todos los pilotos, y llevaba 50 horas volando.

Al parecer, eran frecuentes sus estados de depresión, que se habían acentuado en los últimos tiempos, especialmente tras la huelga y su expulsión de la compañía. Hace dos días, en el curso de una cena, comentó a un amigo íntimo que estaba atravesando una mala racha y que se encontraba muy deprimido y muy mal, aunque no llegó a explicar claramente los motivos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de febrero de 1985