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CARTAS AL DIRECTOR

La 'titulitis'

Nuestra sociedad está atacada de plano por la titulocracia. No basta exigir título para determinadas profesiones liberales, sino que se llega a la aplicación de la manía a las más humildes profesiones, e incluso ahora se precisa carné de determinada filiación política para ostentar cargos más o menos políticos, que se han dogmatizado.A mi entender, para muchas profesiones actuales lo que hace falta no es el título rimbombante, sino trabajarlas de verdad; esta exigencia retarda la real puesta a punto en el enfrentamiento de la vida cotidiana moderna.

Todos desean ser universitarios. No hay nada censurable en ello. Pero confieso humildemente que la principal causa del abandono de nuestros pueblos es ese afán titulista, ese yo tengo título, tú no tienes título, porque una vez de obtenido, ¿quién vuelve al pueblo a labrar la tierra o a explotar el ganado? Engrosan el variopinto cuerpo de licenciados en paro. Y es que, mientras sean tan considerablemente altos los honorarios o sueldos de las profesiones liberales y corto el horario de trabajo, habrá cola a la puerta de la Universidad.

Y no sólo esto, es que se exige, por ejemplo -y sin menosprecio ni ánimo de ofensa al digno farmacéutico-, título de licenciado en Farmacia para estar tras el mostrador expendiendo fármacos envasados, ya que no se preparan actualmente -salvo rarísimas excepciones- fórmulas magistrales como antaño, en las que su saber científico era insustituible como lo es hoy para la investigación farmacológica. Y así las cosas, cosas de la vida, las mismas farmacias se han convertido en bazares donde venden objetos tan dispares como ortopedia, productos de belleza, chupetes, alimentos infantiles, cepillos para dientes, bastones, caramelos... y tan prósperas que ya cierran dos días a la semana. Y, por poner otro ejemplo, llevar el periodismo y las bellas artes a la Universidad es el colmo del absurdo; no tengo noticias de que Goya, Berruguete, Velázquez, Salzillo, Picasso, etcétera, fuesen licenciados en bellas artes, ni que Cavia lo fuese en periodismo.

Todos estamos de acuerdo en que la Universidad es algo más serio, algo vinculado a la investigación, a las auténticas vocaciones; no a la obtención de un título para vivir. Como ha dicho alguien: "La Universidad no es una tienda de comestibles en la que se pueda comprar la inteligencia y el sentido común a tanto el kilo".

Ciertamente que para la vida actual es conveniente una especulación profesional, pero no el maratón de títulos y carnés, que va de la lucha de clases a la aristocracia sustitutiva incluso en cuerpo de la Administración.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de enero de 1985