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Sidney Lumet: "Nueva York es como una segunda piel para mí"

El cineasta neoyorquino asiste en Madrid a los actos de la semana de su ciudad

El cineasta Sidney Lumet ha realizado 30 películas en los últimos 25 años; 23 de ellas han sido rodadas en Nueva York. El director norteamericano, que visita en estos días Madrid con motivo de la Semana de Nueva York, relata a este periódico el poderoso influjo de esta ciudad en su obra y las estrechas relaciones entre la economía y la actividad cinematográfica. Nueva York -"que es una segunda piel para mí", dice Lumet- es, para el cineasta norteamericano, el centro cultural del mundo, aunque "Europa todavía siente alguna desconfianza".

"He vivido en Nueva York toda mi vida y es como una segunda piel para mí. Es una ciudad extraordinariamente poderosa, además. Las ciudades atraviesan períodos muy marcados en su existencia y, ciertamente, desde 1950 Nueva York está pasando por un gran momento artístico", afirma el director de cine Sidney Lumet quien asistió ayer a la proyección de su película El príncipe de la ciudad, dentro de la Semana de Nueva York que se está desarrollando en Madrid, desde el pasado lunes.La mayor parte de las películas que ha rodado en sus 25 años de director de cine, han sido hechas en Nueva York o sobre personajes de esta ciudad. "La gente siempre se preocupa en sitios como éste del crimen y de la suciedad de las calles, pero también hubo eso en el Londres de Shakespeare, en el París del siglo XIX o en la Florencia de Lorenzo de Médicis", dice Lumet.

Sidney Lumet, de 58 años, judío, debutó en el teatro a los cuatro años, de la mano de su padre, en el Teatro Yiddish de Nueva York. De alguna manera en ese momento se había definido un camino para él. En 1935 se presentó por primera vez en Broadway, actuando en la obra Dead End, de Sidney Kingsley. Organizó con un grupo de amigos una de las primeras esculeas-estudio del Off Broadway, en oposición a los métodos del Actor's Studio, con The actor's Workshop.

A partir de 1949, Sidney Lumet empezó a trabajar en la televisión haciendo especialmente adaptaciones de piezas teatrales a este medio, para después de unos años dedicarse al cine con Doce hombres sin piedad (1957).

Autor de películas como Piel de serpiente, Tarde de perros, Serpico, El expreso de Oriente y El veredicto la temática de Lumet ha sido muy diversa, aunque se pueden destacar siempre los rasgos del individuo enfrentado al poder, al sistema.

Las culturas muertas

La presión de una ciudad tan intensa como Nueva York ha ejercido una gran influencia en su obra, aunque no lo ha querido mostrar de forma consciente. "Si tratara de definir a un típico neoyorquino diría en primer término la palabra energía, luego movimiento, el paso de la vida. Pienso también que el carácter de esta ciudad está marcado por la falta de un tipo definido de gente. Nueva York es una ciudad muy judía, muy italiana. Es muy misterioso pero estas culturas no han sobrevivido como tales en la ciudad", explica Lumet."En el transcurso de mi vida he visto desaparecer la cultura judía completamente. Cuando era pequeño todos hablaban yidish, una cuarta parte de la ciudad, dos millones de personas. Este lenguaje ha desaparecido. En la Segunda Avenida existían 12 teatros judíos que trabajaban 40 semanas al año. Había un mínimo de ocho periódicos diarios judíos y nada de eso existe ahora. Sin embargo, los judios se han integrado de tal manera que han podido surgir figuras como Woody Allen o Mel Brooks, por ejemplo", dice Lumet.

"Algo parecido ha sucedido con los italianos, pero en menor grado porque ellos eran menos y su nivel cultural inferior al de los judíos emigrantes de Polonia. Ambas culturas han desaparecido como tales pero se han transformado en algo que nadie había esperado. En Europa se ve a Nueva York y su fuerza con algo de desconfianza miedo y sospecha, al considerarla el centro cultural del mundo. Tal vez porque es norteamericana y Europa siempre ha mantenido sospechas en relación a lo norteamericano."

La pompa francesa

A principios del año 1983 Sidney Lumet asistió a una conferencia convocada por el ministro de Cultura de Francia, Jack Lang. El tema a discutir era las relaciones entre arte y economía. Sidney Lumet, interesado en principio por el asunto, asistió, pero no quiso decir ni una palabra. "Todo se intelectualizaba demasiado y era demasiado pomposo. Fue interesante, me reí mucho pero me gustó", dice Lumet. "Pienso que fue así por ser la primera vez que se reunían de esa manera, pero además cometieron un error, no se limitaron al tema. Cuando llegué, usted sabe cómo son los franceses, discutían sobre 'los efectos de un pájaro sobrevolando la ciudad en la obra de tal artista', cosas así. Cualquier discusión hubiera sido imposible"."Lo que yo hubiera querido destacar es algo que se puede ver tanto en Europa como en Estados Unidos, actualmente. Las ciudades están pasando, económicamente, un grave momento. No funcionan como antes; en Estados Unidos la clase media se está marchando de las ciudades hacia los suburbios. En las grandes ciudades como Nueva York la población está compuesta por un sector pobre -negro en su mayor parte-, los intelectuales y los ricos, con grandes divisiones de clase entre ellos. La base económica de la ciudad, la clase media, se ha ido. Lo fascinante es que las artes del espectáculo sostienen esta economía. Sólo las películas que yo he hecho han traído a la ciudad 200 millones de dólares".

"Nueva York es también una de las pocas ciudades de los Estados Unidos que ha ido en contra del desarrollo político del país. El país se ha ido desplazando lentamente hacia la derecha, desde los años 60. Nueva York, no. La combinación de todos estos factores está produciendo una cultura muy viva. Pienso que las fuerzas creativas tienen mucho que ver con la política".

La nueva película de Sidney Lumet tiene mucho que ver también con el enrevesado mundo de la política en la vida moderna. "Empezaré una película en marzo, un proyecto muy interesante. No sé si hay gente aquí haciendo algo parecido, porque normalmente las empresas norteamericanas han hecho este trabajo para candidatos europeos".

"Tenemos ahora", prosigue Lumet, "una profesión en Estados Unidos que ni siquiera tiene un título oficial, la de los hombres que diseñan y dirigen las campañas de los candidatos políticos durante la época de elecciones: les enseñan cómo ir a la televisión, cómo sonreír, qué camisa llevar, cómo andar. Hacen todos los sondeos de captación de votos y según esos datos van dirigiendo la campaña. Creo que les llaman consultores de medios. Son un grupo extraordiarío y no es necesario añadir lo extremadamente poderosos que son. Ellos han trabajado no sólo en las elecciones de Estados Unidos sino también en Europa. La película es sobre uno de estos hombres".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de noviembre de 1984