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Crítica:

'El pico 2', entre el aplauso y la polémica

Presentada a última hora, El pico 2, de Eloy de la Iglesia, única película española en la competición de Valladolid, convocó la más agitada conferencia de prensa de todo el festival. Parte del público mostró su disconformidad con las provocaciones que el filme encierra, y aunque la proyección de éste había concluido entre más aplausos que pateos, fueron abundantes los que discutieron algunos de sus aspectos, muy especialmente los que se refieren al comportamiento de ciertos miembros de la Guardia Civil, a la corrupción de miembros del aparato de justicia y a las numerosas pegatinas denunciadoras que el filme contiene.Al día siguiente, El pico 2 fue proyectada ante los presos de la cárcel de Valladolid, iniciando una costumbre que el festival prolongará en años sucesivos, la reacción fue unitariamente de orden opuesto. Sensibilizados a la versión que del mundo carcelario ofrece la película y a la dificultad de desintoxicación en los centros oficiales que se evidencia a lo largo de su trama, los reclusos explayaron sus cuitas en presencia del equipo de la película, el alcalde de la ciudad y la directora gelleral de Cinematografía, a quien reclamaron mayor asistencia cinematográfica. Fue evidente que los encarcelados exigían, en tanto ciudadanos, un mayor contacto con el mundo exterior, además de un mejor trato personal.

El pico 2, que no se estructura como necesaria prolongación de El pico (incluso hay un cambio sustancial en el reparto: el guardia civil interpretado por José Manuel Cervino es encarnado ahora por Fernando Guillén), tiene, sin embargo, claras referencias a aquella amistad del hijo de un comandante con el de un diputado abertzale, adictos ambos a la heroina, y que concluyó con la muerte por sobredosis del segundo de ellos. Ahora, el joven superviviente es encarcelado, liberado luego gracias a algunas gestiones ilegales y convertido después en un delincuente más. Las tragedias que le rodean acabarán, sin embargo, integrándole, haciéndole confidente de la policía y traidor a los suyos.

Los habituales excesos de Eloy de la Iglesia, obligados por su afán de subrayar la acción dramática y de opinar en cada filme sobre los temas reales de mayor urgencia, se amontonan en la segunda parte del filme, dispersando su contenido y sorprendiendo al espectador con un precipitado giro de última hora, lo que contrarresta con la eficacia de su primera parte, donde se encuentra lo mejor del filme. Cabe destacar la intervención de los actores, especialmente Jaume Valls y Valentín Paredes, que realizan un trabajo serio y sincero; de igual forma los de fotografía y montaje. Filme zigzagueante, tiene una palpable carga provocadora y polémica, que se desarrollará probablemente con más equilibrio que en la conferencia de prensa vallisoletana a partir de su estreno, de fecha inmediata.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de noviembre de 1984