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El caso del bebé arrojado por la ventana es "un detonante más de la urgente necesidad de cambiar la asistencia al niño

El caso del bebé arrojado el pasado lunes por una ventana del Hospital General de Asturias, acción de la que es presunto autor otro chico de ocho años internado en el mismo centro sanitario (véase EL PAÍS del 24 de octubre de 1984), ha causado perplejidad y asombro en gran parte de la opinión pública asturiana, conmovida y consternada por el trágico suceso. Federico Menéndez, director del centro público de salud mental de Avilés y uno de los psiquiatras infantiles más prestigiosos de España estima que este hecho dramático "es sólo un detonante más de la urgente necesidad de un cambio y de una revisión profunda en la atención y asistencia al niño. Cuando un pequeño ingresa en el hospital no hay que pensar exclusivamente en curar su cuerpo. No puede olvidarse que es un ser con personalidad y psiquismo propios" asegura.

A juicio de Federico Menéndez, ante todo, hay que huir del reduccionismo y de las explicaciones simplistas. Al margen de otras consideraciones, y de que se exijan responsabilidades concretas en el caso, quiero dejar bien sentado que el servicio de pediatría del Hospital General de Asturias es muy competente Este suceso debe contemplarse, simplemente, como un nuevo eslabón en una serie de informaciones frecuentes sobre niños suicidas, delincuentes, maltratados o abandonados, reflejo de una realidad que tampoco es nueva".En opinión de este psiquiatra, director del primer centro público de salud mental infailtil que existió en Asturias, antes que nada es preciso "acabar con una serie de errores e ignorarcias sobre el mundo del niño. Seguimos impregnados de una visión adultomórfica sostenida interesadamente por los mayores, que son quienes hablan por y sobre el niño, un ser al que después excluyen, castigan y marginan sistemáticamente".

Sujeto pensante

Menéndez opina que "es preciso tomar conciencia de que el niño es un sujeto pensante y con derechos. Un ser que siente, padece, goza, se deprime, crea y se exalta con igual intensidad que un adulto, aunque lo haga de forma distinta. Mientras no se asuma esta realidad", añade Federico Menéndez, "y se siga mitificando el mundo infantil como algo inocente y cándido, próximo al limbo, no habremos avanzado nada".Federico Menéndez reivindica para el niño la posibilidad de ser un sujeto histórico, en cuyo comportamiento incide de forma notable el medio social y familiar". No admite, sin embargo, que este medio sea culpable exclusivo de todos los males, pues "es cierto que un ambiente marginante condiciona, pero no podemos caer en el error, bajo argumentos aparentemente progresistas, de achacar todos los sambenitos a la sociedad y arrojar también al pequeño con el agua sucia. Con esa actitud volveríamos a marginar de nuevo al niño, que, por el contrario, siempre tendrá algo que decir sobre esa realidad que le rodea. No podemos negarle una oportunidad que es, por otra parte, un derecho".

El director del centro de salud mental de Avilés rechaza, con matices, la doble alternativa repetida con insistencia durante los últimos días, en distintos ambientes de la opinión pública asturiana, para evitar sucesos como el ocurrido en el Hospital General: se necesita más vigilancia, porque las reacciones de un niño -son siempre imprevisibles. Para Federico Menéndez, más vigilancia no significa una legión de enfermeras, "porque esto sería tratar al niño como un delincuente, sino poner los medios para que un chico, cuando llega a un centro sanitario para ser internado, no aprecie ese síndrome de hospitalismo que, si admitimos que afecta a los mayores, también repercute, inevitablemente, en los más jóvenes". Señala asimismo que debe evitarse la separación del niño de su medio habitual, de sus padres y de su familia. No puede permitirse que haya una privación afectiva. Reforzar la vigilancia no sería lo que se piensa en estos casos -aumentar el control-, sino poner los medios para que ese niño no esté solo ni se sienta extraño. Tampoco es cierto que las reacciones de un niño sean siempre imprevisibles. Lo que pasa es que a los adultos a veces nos interesa pensar que esto puede ser así".

En opinión de Federico Menéndez, la alternativa pasa por "ofrecer una atención coordinada e integral, que contemple al niño como el ser complejo que es y que actúe sobre su salud fisica y psíquica, pero también sobre su medio social y familiar, del que no se le puede desarraigar. Y esto no es una utopía. Puede hacerse, y en Asturias y fuera de aquí hay ya algunos ejemplos. Resulta más barato y sobre todo es el único sistema eficaz".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de octubre de 1984

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