El arquitecto James Stirling expone en Barcelona su concepto de arquitectura populista

El arquitecto británico James Stirling participó ayer al mediodía en el acto de inauguración oficial del curso de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. El acto de inauguración se celebró en el nuevo edificio proyectado por el arquitecto José Antonio Coderch de Sentmenat, último proyecto que el arquitecto ha realizado desde su despacho. James Stirling pronunció una conferencia en la que expuso el proceso de su última realización, la construcción del Museo de Arte Contemporáneo de Stuttgart. Stirling explicó que lo que pretendía y lo que debe ser un museo es "un monumento que a la vez ha de ser populista, ha de atraer a mucha gente y esa gente ha de divertirse".

El arquitecto británico resaltó la importancia de "articular bien la construcción" con el tejido urbano y se refirió al centro Pompidou de París calificándolo de edificio "populista, que distrae, pero no tiene dignidad ni talla, no es demasiado bueno porque no se articula bien con el tejido urbano". Los elementos utilizados para la construcción del museo de Stuttgart han sido: piedra natural y colores eléctricos. James Stirling, que se confiesa admirador de Gaudí y que define a Coderch, al que conoció hace 20 años, como un arquitecto con un sentido del diseño muy sensible, explicó que el museo ha sido un éxito popular "inesperado", con una media de 20.000 visitantes al día.Según Josep Maria Montaner, James Stirling nació en 1926 y ha conseguido durante casi cuatro décadas estar en la cúspide de la arquitectura contemporánea. Su última aparición en escena, después de casi 10 años de escasa obra construida y cuando algunos empezaban a considerarle como un artista en declive, ha provocado el más alto impacto imaginable. Su última obra ha significado un total revulsivo dentro de esta situación actual de encrucijada, desorientación y transformación en la que se vive en general y en la arquitectura en concreto.

Esquematizando, la evolución de Stirling se ha destacado por unos primeros pasos en los que su adscripción a la arquitectura racionalista se entremezcló con el respeto por la tradición vernácula -adoptando el lenguaje del ladrillo visto y las formas simples- y le condujo a la tendencia que en los sesenta se llamó brutalismo. Era su época de trabajo con James Gowan, otro gran arquitecto, y era la época de obras como el conjunto residencial Ham Commen, en Londres (1958), o como los laboratorios de la universidad para ingenieros en Leicester (1963).

El final de la década de los sesenta significó su consagración dentro del panorama de la arquitectura actual. Su obra construida, dedicada básicamente a arquitectura universitaria, aportó la definición de un tipo característico para estos edificios: atrevidas estructuras de formas escalonadas, con grandes paramentos acristalados y una gran capacidad para desarrollar una bella escenografía neotecnológica.

Durante los años setenta, su arquitectura, que en la mayoría de los casos (excepto algún proyecto norteamericano) ha permanecido en el mundo análogo de los dibujos no realizados, se ha distinguido por el esfuerzo de ir contraponiendo al lenguaje tecnológico un fuerte respeto por la historia y una marcada preocupación por inserirse en el contexto urbano en el que se interviene, enfatizando la expresión de aspectos simbólicos e incluso irónicos e insistiendo en el mundo de las formas y del lenguaje más arquitectónicos.

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