Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:TEATRO / 'CINEMATOGRÁFICO NACIONAL'

El origen de la vida.

Las revistas políticas -o bufopolíticas- fueron una especie de periodismo satírico escénico, hermanado -hemano menor- con el género chico, en las que había una burlona crítica de la actualidad, y no sólo de la política, sino también de las costumbres y la sociedad. Las hacían los más famosos autores y compositores, y fueron el origen de la revista en España, género teatral hoy prácticamente desaparecido.Sobre tres de ellas ha construido un "espectáculo sicalíptico nacional" Adolfo Marsillach, con el título de, una, Cinematógrafo nacional (las otras son La gatita blanca y Cuadros disolventes). Sicalíptico es una misteriosa palabra de la época sobre la que hay varias etimologías (alguna de ellas, falsamente griega), y la más exacta es la del siempre autorizado Corominas: "Creación comercial arbitraria"; apareció por primera vez en un anuncio de El Liberal, 1902. Es más dudosa su definición como "obsceno, pornográfico": se usaba sobre todo como equivalente de lo verde, lo subido de color, lo picante; palabras de doble sentido. Como los cuplés del Chocolatito o de la Gatita que aparecen en este espectáculo. Hoy tienen una gracia antigua e ingenua, que se acoge con placer.

Cinematógrafo nacional

Espectáculo sobre textos y músicas de 'Cinematográfico nacional', 'La gatita blanca' y 'Cuadros disolventes', por Adolfo Marsillach. Intérpretes: José Sazatornil, Blaki, Yolanda Farr, Natalia Duarte, Mara Ruano, Alberto Fernández, Antonio Canal, Francisco Portes. Dirección musical de Pepe Nieto. Coreografía de Skip Martinsen. Decorados y vestuario de Carlos Cytrynowski. Dirección de Adolfo Marsillach.Estreno: Teatro de la Comedia, 4 de septiembre de 1984.

Sin nostalgia

El acierto de Marsillach ha sido que en esta especie de reconstrucción no hace intervenir para nada la nostalgia -que la ponga el espectador que quiera-, pero tampoco se ha entregado a la, modernización. Hay como una especie de doble imagen: es aquello, pero está teatralizado hoy, y se mantiene con frescura, con espontaneidad y con gracejo. Ha sabido hacer entrar a sus colaboradores en el raismo juego, y el arreglo musical de José Nieto coloca cuando puede sus síncopas y sus armonizaciones, pero se va indefectiblemente a la melodías originales en cuanto hace falta (su mejor trabajo es la orquestación). La escenografla y los vestuarios de Cytrynowski, como la coreografia de Skip Martinsen, se mantienen en este mismo inteligente: doble juego: aire de ayer, estética de hoy. El paradigma de este acierto es el de la interpretación de Sazatornil, excelente actor, continuamente brillando entre las dos épocas. Todos estos son méritos de la dirección de Marsillach, acrecentados por sus hallazgos teatrales, sus gags.

En cuanto a Marsillach autor, además de impregnar el espectáculo de todo este sentido, está el trabajo arduo e inteligerite de enjaretar, recortar, añadir y dar unidad a lo que hoy quizá no tuviera demasiado interés si se ofreciera crudo. Se le podría reprochar que haya sido un poco tacaño con su ingenio personal, tan vivo y mordaz, que sin duda mide para respetar en lo que puede los textos originales. Lo cual, por cierto, no concuerda mucho con la injusticia de omitir en los programas a los primeros autores: Perrin y Palacios, Jackson Veyán, Capella, Giménez Vives... son todos ellos nombres históricos de autores y músicos caya invención está continuamente presente en el espectáculo ,A.,dolfo Marsillach los ha hecho posibles hoy, ciertamente, y su delicado trabajo es decisivo.

Todo lo ha construido sobre un personaje, el Empresario de Cuadros disolventes, mezclado con el Benito de Cinematógrafo nacional, lo interpretaJosé Sazatornil, y su gracia personal (lo que en aquellos tiempos se llamó vis cómica) contribuye extraordinariamente al espectáculo, con la buena voz de Natalia Duarte para el cuplé, la presencia de Yolanda Farr y, las apariciones de Blaki, Mara Ruano, Alberto Fernández, Antonio Canal y Francisco Portes.

El público acogió con entusiasmo todos los cuadros, todos los números, muy especialmente en la primera parte. Y ovacionó a todos al terminar el espectáculo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de septiembre de 1984