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De cómo Las Hurdes viven su leyenda

En las alquerías jurdanas de Fragosa, La Huetre, Martinlandrán o El Gasco, a los niños ya no se les entierra en cajas de zapatos, pero Las Hurdes de 1984 no son tampoco el paraíso prometido por el último Gobierno franquista, cuando el 4 de julio de 1975 decide la ordenación, desarrollo y ejecución del programa especial sobre Las Hurdes que preveía "su total transformación". Jamás pudo realizarse.Pero, ¿Las Hurdes ya no son diferentes? El antropólogo Enrique Luque, en uno de los trabajos más serios realizados sobre esta comarca, da la respuesta: "Bajo una corteza aparentemente igualadora (forjada por la televisión, la emigración y consiguiente contacto con otras realidades, el relativo mayor nivel de vida en comparación con los patrones de hace años o lustros, etcétera) laten importantes diferencias con otras regiones hispanas y otros niveles de la sociedad global española. Diferencias que, en parte, pueden ser secuelas de esa imagen esperpéntica que tal vez ofreció en otro tiempo la comarca; en parte, de las especificidades que en muchos aspectos suministran las diferentes culturas y, subculturasdel país; pero también de otro tipo: engendradas por lo que los sociólogos anglosajones han denominado la self-fulfilling prophecy: a fuerza de contemplar a Las Hurdes y a los jurdanos como diferentes, éstos han terminado por considerarse a sí mismos como tales".

Con su papel asumido de víctima, el jurdano ha sabido sacar provecho de la Administración. El Estado se ha volcado con esta comarca de 50.000 hectáreas para apenas 8.000 habitantes, repartidos en cinco municipios en donde el mayor pueblo, Camino morisco, no llega a 600 habitantes y el más pequeño, Batuequilla, roza los 30. Pide y se te dará, vinieron a decirle al jurdano. Trato preferencial que propicia una población muy pensionada, cuyos beneficios, por picaresca, se extienden incluso a gente joven.

Pero, pese a los espectaculares cambios experimentados en los tres últimos años, aún se dan fuertes condiciones de depresión, según reconoce la propia Administración: "En dichas alquerías todavía subsisten, en su mayor parte, las primitivas viviendas, de proporciones mínimas e impropias de la presente época". Mientras que en materias viarias y de educación se han dado importantes pasos, vivienda y sanidad se presentan como el talón de Aquiles: un médico por cada 2.000 habitantes.

"Somos como el águila: bajamos al llano a comer y regresamos a la sierra", gustan de decir los jurdanos, justificando sus emigraciones. Allá donde se encuentre esta gente, por buen trabajo temporal que tengan, volverán a sus minúsculos huertos para la recolección de la aceituna, prácticamente la única riqueza que obtendrán. Ojo: esta tierra huele al ganador, y si en las primeras elecciones el voto fue para UCD, en 1982 se fue a los socialistas: "El papá Estado tiene aún mucho que hacer aquí".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de junio de 1984