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Tribuna:MÚSICA CLÁSICA
Tribuna

El viejo mundo de la transcripción

Para sustituir el anunciado programa del dúo Lavilla-Tordesillas, Ibermúsica consiguió la colaboración de otro pianista español cuya carrera está en período ascendente: Enrique Pérez de Guzmán. En una de las peores fechas en que pueden celebrarse conciertos en Madrid -el sábado noche-, el pianista llevó al Real un público numeroso que aplaudió sus versiones.Parece paradójico que nuestro mundo musical albergue al mismo tiempo dos actitudes: la de los puritanos especialistas de la música antigua y la de los cultivadores del pianismo efectista de transcripción. Aquéllos sufren y se alarman si el violín barroco utilizado data de seis meses después de lo debido, y obligados por la verdad histórica que dominan; los divos del teclado han sacado del desván del pretérito las transcripciones que practicaran los viejos monstruos e incluso se disponen a continuar el camino con nuevas aportaciones.

Bien sabemos el mérito de Liszt, Busoni, Rachmaninov y tantos otros al llevar al piano pentagramas procedentes de la ópera, de la orquesta, del lied o, simplemente, de otro compositor. Ahora bien, ¿merece la pena que un pianista como Pérez de Guzmán, cuya refinada sensibilidad podría habernos dado un excelente Schubert, un Chopin, un Ravel pensado para el piano, se debata frente a la Muerte de Isolda o la paráfrasis de Rigoletto? Sustituir los Valses nobles y sentimentales por la versión pianística de La valse, del propio Ravel, se me antoja empeño más apto para el disco o el programa radiofónico que para el hábito de los conciertos. Aun en el supuesto de tratarse de solistas cuya avasalladora técnica nos asombra con emociones diferentes de las artísticas, la insistencia en el mundo de la transcripción lo considero un paso atrás; una contribución a la mala conformación del gusto.

Falla realizó la reducción pianística de El sombrero de tres picos y publicó transcripciones sueltas de cinco fragmentos del ballet: Danzas del molinero y la molinera, Danza de los vecinos, Minuetto del corregidor y Danza final. Ahora Pérez de Guzmán presenta su transcripción de esos y algunos otros números del Tricornio. El trabajo parece respetuoso con el original orquestal y las versiones pianísticas de don Manuel, pero pienso que no hacía mucha falta. Más conociendo como se conoce la oposición de Falla tanto a la fragmentación de sus obras cuanto a la transcripción. En todo caso, Pérez de Guznián demuestra ser un músico serio, instintivo y de refinada cultura.

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