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Tribuna:

René Metras: el arte como pasión

La llegada de la primavera ha sido realmente aciaga para el galerismo de este país. Primero fue la veterana Juana Mordó en Madrid, ahora es René Metras en Barcelona. Podríamos establecer muchos paralelismos entre ambos, particularmente por su fascinación por el arte y los artistas más allá de su condición de marchantes. Ambos vivieron con pasión los gérmenes de nuestro arte de vanguardia, la intensa ebullición que se da en nuestra plástica de 1950 a 1960. El arte como parte activa de la cultura, como expresión de un espíritu libre y renovador que sigue el compás del tiempo. También ambos fueron primero coleccionistas y después marchantes de arte. Juana y René entendieron su labor, particularmente en los años sesenta como una militancia, como la defensa de un arte y unos artistas que correspondían a la época que les tocó vivir.René Metras, que pertenecía a una acomodada familia de Lyon dedicada a la sedería, nació en 1926. A los ocho años llega a Cataluña y sus padres se instalan al pie del Montseny, en Sant Celoni, donde, gracias a su innata inclinación por la pintura, que incluso llega a practicar, traba una gran amistad con Tápies y con su primo Cuixart y con otros jóvenes escritores interesados por el surrealismo y el arte informal o abstracto. Cada vez presta menos atención a su carrera de ingeniero textil y a la fábrica paterna y mucho más al arte y los artistas.

Colabora con Cobalto, con el Club 49, con Dau al Set, del que será tesorero y promueve diveros proyectos de animación y difusión del arte contemporáneo. Se distingue particularmente por ser el director y sostenedor económico de El correo de las artes (1958-62), importante revista dearte actual que trataba de informar a nivel local de las novedades y corrientes de vuelo internacional en la que colaboraba asiduamente J. E. Cirlot, su amigo y mentor.

Este momento artístico y su estética serán determinantes a lo largo de toda su vida. El arte de raíz sobrerreal, raagia, donde lo abstracto alterna con lo onírico fue su auténtica devoción. Después de conectar con los más notables galerístas internacionales decide abrir una galería en 1962 en la calle Consejo de Ciento de Barcelona eje central del marchandismo de la ciudad y desde donde bajo el título general Presencias de nuestro tiempo ha dado a conocer lo más representativo y calificado del arte nacional e internacional. Enumerar la lista sería interminable, sólo recordaremos junto a Miró, Tápies, Dalí, Cuixart y Ponç los nombres de Artigau, Bechtold, Bury, Corberó, Chancho, Chillida, Feito, Fontana, Ferrarit, Guinovart, Hernández Pijoan, Le Parc, Marcel Martí, Millares, Pericot, Zush, Pascual, Saura, Subiraclis, Tur Costa, Tharrats, Uctes, R. Vallés, Vasarely, Villèlia, Wols, Yturralde, etcétera.

es crítico de arte y jefe del Servicio de Artes Plásticas de la Generalitat de Cataluña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de marzo de 1984