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Morera repone el "realismo simbólico" de 'La herida del tiempo', de Priestley

La obra teatral La herida del tiempo, del dramaturgo británico John Boynton Priestley, considerada como una de las comedias clave de este siglo, se repone hoy en el teatro Bellas Artes, de Madrid, en la versión que Luis Escobar estrenó en el María Guerrero en 1942. La dirección escénica es de José María Morera, quien destaca en su montaje el "realismo simbólico de esta pieza maestra y fundamental". En el reparto figuran María José Goyanes, Carmen Bernardos, Joaquín Kremel, Inma de Santis, Ramón Pons y María Jesús Sirvent.

Un centenar de títulos, entre novelas, comedias, ensayos y guiones, forman la producción literaria de J. B. Priestley, de 90 años, natural de Bradford (Yorkshire), que en la actualidad reparte su residencia entre Stratford-upon-Avon y la isla de Wight. De sus 50 comedias han tenido éxito en España, entre otras, La herida del tiempo, Llama un inspector y La esquina peligrosa, con versiones en teatro y televisión.La reposición de La herida del tiempo respeta la versión castellana del director Luis Escobar, que se estrenó en noviembre de 1942 en el teatro María Guerrero, con la interpretación de Carmen Seco, Ana María Noé y Guillermo Marín. Luis Escobar ha recordado ahora su conocimiento, en 1941, de Priestley como autor y de su teatro "sobre el misterio del tiempo".

Luis Escobar considera que "Priestley une a su gran calidad literaria el don del juego teatral; sus personajes son seres vivos, y del enfrentamiento de unos y otros surge espontánea la historia que quiere narrar". De sus comedias destaca Time and the Conways (El tiempo y los Conways), que tradujo como La herida del tiempo por ser "más universal". Sobre su estreno "me parece percibir todavía la tensa emoción del público, sobre todo durante los dos últimos actos. La obra alcanzó un éxito extraordinario, y como el María Guerrero era un teatro de repertorio y la compañía sí que era estable, se repuso innumerables veces".

La reposición de La herida del tiempo respeta la "versión espléndida" de Luis Escobar, según el director José María Morera, para quien la actualización de la obra está en la puesta en escena.

"La obra de Priestley", declaró José María Morera, "con un claro apoyo en Chejov, es una comedia clave de este siglo, un texto ya clásico y fundamental". La herida del tiempo se estrenó en Londres en 1937, en el clima prebélico de la segunda guerra mundial. Morera opina que de La herida del tiempo es fundamental su situación histórica, "con el telón de fondo del período de entreguerras, conectado con una aventura individual y la historia de una familia. Es un acierto sensacional la reflexión absolutamente actual sobre la incorporación de elementos científicos y la capacidad de síntesis de una serie de corrientes teatrales. Esta reflexión del paso del tiempo es universal".

Para el crítico Domingo Pérez Minik, el dramaturgo lleva a la escena "el problema del tiempo, del tiempo concreto, del tiempo absoluto, del tiempo relativo. Un quebradero de cabeza no fácil de soportar, ya que en esta teoría se mezclan de la manera más peligrosa la física, una historia, cualquier antropología, todo lo que el hombre ha vivido, pensado o sentido, una locura de cuestiones que no soporta un regular auditorio".

Una cierta contención

En el montaje de La herida del tiempo, José María Morera señala que ha intentado utilizar al máximo todos los instrumentos que proporciona el teatro, desde la luz a los mínimos detalles de la escenografía, "dentro de una línea de una cierta contención".Morera piensa que la obra no es naturalista ni realista. "Es un realismo simbólico, un realismo superior. Tiene un mecanismo teatral fantástico, donde se ofrece una lectura simbólica de la realidad. Priestley utiliza los elementos teatrales de forma maravillosa. Conecta con toda la evolución del teatro inglés, de contenido social más evidente. Incluso hay autores actuales, como Wesker, donde se puede rastrear su influencia, con una mayor preocupación social".

Durante el año y medio de actividad de la compañía teatral Alcava, que tiene su sede en el teatro concertado Bellas Artes, José María Morera ha dirigido cinco montajes, de autores de los siglos XVIII y XIX: Moratín (El barón), Vital Aza (El sombrero de copa), Ibsen (Casas de muñecas) y Pérez Galdós (Casandra). Tras esta revisión de obras y autores, la compañía ofrece un dramaturgo de este siglo, con el que piensa completar la presente temporada en el teatro Bellas Artes, de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de marzo de 1984