La relación médico-enfermo
Un ejemplo de los modos y maneras de nuestra Seguridad Social. Por consejo de mi médico de cabecera me desplacé 80 kilómetros para asistir a la consulta del especialista en dermatología del Ambulatorio de Reus. Cuando me llegó el turno, entré en el despacho y expliqué mi caso. El doctor no se dignó levantarse de la mesa para mirarme, y tan solo extendió dos recetas, una de las cuales en forma de comprimidos.Entonces le pregunté si esas píldoras no serían perjudiciales para mi salud, pues tengo 78 años y tengo delicado el estómago. El doctor gruñó, más que contestó, que si no podía tomarlos que no los tomara, pero que saliera de la consulta.
Me gustaría que ahora que hablamos tanto de reformas sanitarias, este médico -si sus múltiples ocupaciones en clínicas privadas y consultas particulares se lo permiten- se especializase en amabilidad, educación y buenos modales, materias no tan rentables económicamente como la dermatología pero que también dan buenos beneficios./


























































