El presidente de Venezuela, Jaime Lusinchi, anuncia realismo y austeridad para poner fin a los "espejismos" petroleros

El nuevo presidente venezolano, el socialdemócrata, Jaime Lusinchi, que tomó ayer posesión de su cargo en una solemne ceremonia celebrada en el Palacio del Congreso, anunció una etapa de realismo, y austeridad económica que pondrá fin a "la era de los espejismos de país petrolero que llenaron buena parte del siglo XX". El discurso de investidura de Lusinchi estuvo centrado básicamente en la situación económica del país y en problemas como la corrupción administrativa, el desempleo y la necesidad de conseguir un pacto social que ayude a estabilizar la economía y a reactivar la producción. No faltaron en el mensaje presidencial llamadas a la integración de América Latina y a la democratización de las naciones del continente.

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Jaime Lusinchi, de 59 años, recibió la banda presidencial de manos de su antecesor en el cargo, el socialcristiano Luis Herrera Campins, que gobernó Venezuela durante los últimos cinco años. Los dos mandatarios vestían de frac, al igual que la mayoría de los invitados y autoridades presentes en el hemiciclo del Senado, de acuerdo con una antigua tradición. Al iniciar su intervención, que duró casi una hora, investido ya con la banda tricolor presidencial, Lusinchi citó a todos los jefes de Estado y de Gobierno presentes en la ceremonia, entre ellos el presidente del Gobierno español, Felipe González, quien recibió la más larga ovación de los asistentes al acto.El nuevo jefe de Estado venezolano calificó la que será su acción de gobierno como "una presidencia de la moderación y la verdad". Para Lusinchi, la Venezuela actual es a la vez creadora y víctima de un fenómeno bien conocido: "El súbito estallido de una riqueza fácil y casi gratuita, exacerbada por el alza repentino de los precios del petróleo".

Esta riqueza repentina, añadió Lusinchi, causó tendencias al despilfarro, la malversación y el aprovechamiento ilícito, que hay que corregir ahora. Al referirse a la deuda externa que pesa sobre Venezuela, y que supera los 30.000 millones de dólares, el nuevo presidente socialdemócrata aseguró que "Venezuela pagará todo lo que debe", aunque expresó su confianza en que los bancos acreedores permitan a su Gobierno cumplir sus deberes y colmar las aspiraciones de bienestar popular. "Venezuela pagará y hasta el último céntimo. Y bien asimilaremos esta lección, tan costosa como imborrable, que nos condena a algunos años de penitencia".

La democracia social

Para Lusinchi, una vez consolidada la democracia política, tras 25 años de funcionamiento ininterrumpido del sistema, se trata ahora de conseguir la democracia social, a lo que dedicará sus empeños. Calificó de "difíciles" los tiempos que le toca vivir a su presidencia, y citó entre sus metas la democratización del Estado y el control de las numerosas empresas públicas que conforman la economía venezolana.

Un pacto social de largo alcance entre trabajadores, empresarios y el Estado figura también como una de las metas enunciadas ayer por el nuevo presidente para alcanzar tina "sociedad equilibrada y justa". La austeridad y el control y la restricción del gasto público fueron enumeradas también por Lusinchi como partes de su programa económico, que será anunciado en detalle dentro de unos días y con una vigencia inicial de dos años.

La corrupción, un mal endémico de la Administración venezolana, mereció buena parte de las palabras de Lusinchi, que fue interrumpido en varias ocasiones por los aplausos ele los asistentes a la ceremonia. De nuevo citó la riqueza petrolera como culpable de esta disociación entre esfuerzo y beneficios fáciles. El nuevo presidente anunció un corte drástico en los privilegios de algunos funcionarios, corrió coches y aviones oficiales o dotaciones lujosas y desproporcionadas.

En política. exterior, Lusinchi habló de solidaridad con América Latina y se felicitó del retorno a la democracia en Argentina. Recogió la herencia de Herrera Campins respecto al grupo de Contadora al decir que Venezuela participará en todos los esfuerzos conducentes a la consolidación de la paz, estimulando siempre la libertad y el pluralismo democrático como la opción legítima para resolver los conflictos en Centroamérica.

Una vez finalizada la ceremonia en el palacio federal, Jaime Lusinchi depositó una corona de flores en el panteón donde reposan los restos de Simón Bolívar, el padre de la independencia, y ofreció acto seguido un almuerzo a los jefes de misión extranjeros que asistieron a la transferencia de poderes. La mayoría de ellos apenas han tenido tiempo aún de entrevistarse entre sí, dado lo apretado del programa, por lo que la mayor parte de estos contactos tendrán lugar hoy, viernes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 02 de febrero de 1984.

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