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Tribuna:

El Premio Nobel de Gerald Debreu: la teoría del equilibrio general

La concesión anual de los premios Nobel es como la caja de Pandora. En el caso de los galardones no científicos -literatura y paz-, porque recaen con frecuencia sobre excelentes autores ignorados por el gran público, o premian los abnegados esfuerzos de conociás belieistas por llevamos al borde del holocausto. En los restantes casos, porque la importancia y significado de las aportaciones científicas de los premiados son diriciles de divulgar; y todos somos, cuando menos, profanos en cinco de las seis áreas galardonadas. El autor de este artículo trata de explicar la importancia de las aportaciones de Gerald Debreu, último economista merecedor de dicho gallardón, a la teoría del equilibrio general alcanzado vía precios.

Cualquier ciudadano muestra una indiferencia respetuosa cuando lee en la Prensa que se ha otorgado una sustanciosa suma de dinero como premio a largos años de investigación sobre estructuras subatómicas, síntesis de ácidos nucleicos o al estudio de galaxias. Casi nadie comprende el significado real de estos resultados, pero la física, la química y la biología hace tiempo que han adquirido su estado de ciencias maduras y han resuelto numerosos problemas que tenía planteados el hombre, lo que se encuentra en la base del respeto a dichos premios. Pero la economía ni es claro que sea una ciencia madura ni que, en los tiempos que corren, responda a las demandas sociales de solución de la crisis.Por ello la sorpresa ante un premio concedido a una "teoría sobre los mercados" y al uso de un "instrumental matemático en economía". puede ser notable. Sin entrar en el tema de la oportunidad o no del premio a G. Debreu, mi objetivo es tan sólo tratar de traducir a términos inteligibles sus aportaciones al análisis económico, que podrán ser o no compartidas, pero cuya importancia creo fuera de toda discusión.

Los economistas clásicos como Adam Smith y David Ricardo, preocupados por los problemas de consolidación y viabilidad del incipiente sistema capitalista, centraron su atención en el análisis de las condiciones que permitían la acumulación y, por tanto, en la teoría de la distribución del producto social. Décadas más tarde, el optimismo sobre la durabilidad y validez del capitalismo eran generales, y una parte importante de los economistas, los neoclásicos, se plantearon el problema no de cómo garantizar las condiciones de crecimiento de la economía, sino de cómo deberían utilizarse unos recursos escasos de forma tal que se lograra la mayor eficacia técnica posible. El libro de L. M. E. Walras Elementos de economía pura (o teoría de la riqueza social) (1874) supuso la aportación más significativa de este nuevo enfoque que ha seguido centrando hasta nuestros días los esfuerzos de una parte de los economistas teóricos y que en buena medida puede,decirse tiene una de sus culminaciones en la Teoría del valor (Un enfoque axiomático) (1959), de Gerald Debreu. El tema central de las investigaciones de G. Debreu se inserta, pues, en un área particular de la economía: el análisis económico, y en un campo concreto de la misma: la teoría del equilibrio general.

El equilibrio general como doctrina

Supongamos una economía formada por muchos consumidores y numerosas empresas. ¿Cómo pueden coordinarse las acciones simultáneas de tantos agentes para que el resultado sea compatible; es decir, para que las empresas produzcan y vendan el tipo de bienes y las cantidades que están dispuestas a adquirir los consumidores y éstos vendan a las empresas la cantidad de trabajo y de ahorro que las mismas requieren? .

El problema es, en último extremo, de transmisión de la información relevante para tomar decisiones mutuamente compatibles. Una posible forma de lograrlo es mediante un sistema de precios algo semejante a lo que en el lenguaje usual representan los "mercados competitivos". Al estudio de las condiciones bajo las cuales un sistema descentralizado de precios transmite a los agentes toda la información necesaria para que tomen decisiones técnicamente eficientes está, pues, dedicado el trabajo de Debreu.

Uso de las técnicas avanzadas

Con técnicas matemáticas avanzadas, de uso poco frecuente en la época -los años cincuenta-, G. Debreu demostró rigurosamente dichas condiciones y sentó las bases para potenciar dos campos de investigación. En primer lugar, la búsqueda de condiciones menos restrictivas que las por él postuladas para que un sistema de precios funcionara adecuadamente. En segundo lugar, el diseño de mecanismos de asignación aceptables para los numerosos casos en que el sistema de pre,cios de mercado competitivo no tuviera las propiedades deseadas.

No es infrecuente escuchar el calificativo de conservador aplicado a la investigación en el campo del equilibrio general. Y creo que se trata, al menos, de un juicio impreciso. Puede, en efecto, cuestionarse la oportunidad de que una parte significativa de los mejores investigadores en teoría económica dediquen sus esfuerzos a este tipo de temas, abandonando los problemas de distribución y crecimiento. Puede pensarse que la autonomía conseguida por los economistas matemáticos ha conducido a que los temas calificados como científicos sean generados por ellos mismos, al margen de los problemas acuciantes del mundo real, y que ello ha conducido a dedicar grandes esfuerzos intelectuales a la resolución de problemas de escasa entidad social. Pero, aceptando el principio de la autonomía de la investigación, creo que el mayor problema se encuentra en la con frecuencia inadecuada utilización que se hace de las prescripciones de la teoría del equilibrio general con intereses retrógrados y polificalnente espúreos.

En efecto, la interpretación apologética del mercado como mecanismo de asignación eficaz es una posible lectura de ciertos resultados del equilibrio general. Pero no es la única ni la más precisa. En expresión afortunada de alguien por encima. de toda sospecha (F. Halin, otro teórico eminente del equilibrio general), la teoría comentada tiene una lectura "prescriptiva-negativa", en el sentido de hacer explícita la larga lista de supuestos precisa para que el mercado funcione correctamente: no existencia de bienes públicos, ni de efectos externos, ni de indivisibilidades, ni de rendimientos de escala y un largo etcétera. Por tanto, la lectura apologética de la teoría carece de fundamento científico, y en mucha mayor medida aún lo tienen las extrapolaciones relativas a la deseabilidad intrínseca de la economía. de mercado.

Resta por señalar que toda la teoría del equilibrio general se hace para, unas condiciones dadas de distribución de la riqueza, y que ésta se encuentra subordinada al logro de condiciones de eficiencia técnica y de agotamiento de las ventajas derivadas del intercambio.

El tema de la distribución es subsidiario, y ningúñ teórico del equilibrio general ha tratado de ocultarlo, ya que es preciso garantizar por fuera del modelo que la renta de cada consumidor es suficiente para sobrevivir, y ello se hace con frecuencia a costa de heroicos supuestos.

Interés de las enseñanzas

Hechas todas las matizaciones procedentes, descartado el hecho opinable de la relevancia social.del tema, y situada la teoría del equilibrio general en su marco de referencia, creo, sin embargo, que sus enseñanzas son de gran interés.

En primer lugar, porque han permitido prestar especial atención al problema de coordinación de las decisiones económicas en sistemas descentralizados. En segundo lugar, porque han expuesto en forma rigurosa y explícita los requisitos necesarios para que el sistema competitivo funcione en forma eficiente; y siempre es mejor que un sistema sea eficiente, a igualdad de las restantes circunstancias. Por último, porque han permitido destacar la importancia de que cualquier mecanismo de asignación cuente con una estructura de incentivos adecuada a sus objetivos. Todo ello habría sido imposible sin el uso del lenguaje matemático, de una extremada precisión formal en el planteamiento de los problemas, y de un exquisito cuidado en la interpretación de las conclusiones. Y a todo ello ha contribuido poderosamente G. Debreu con sus trabajos de economía matemática.

Un Premio Nobel concedido, en suma, a una larga investigación que demuestra el poder de una forma de plantear los problemas y del instrumental utilizado en su resolución, más allá de su relevancia social, tema siempre opinable, aunque no por ello menos'importante.

es catedrático de Teoría Económica de la Universidad Complutense de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de noviembre de 1983

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