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Reportaje:

Las Hurdes, tras una década de cambios, se sacude el baldón de una miseria multisecular

Hurdes igual a miseria. Hasta nuestros días, decir Hurdes o hurdano eran sinónimos de extrema necesidad y penuria, de abandono, de atraso físico y hasta intelectual. Y así, en nuestro lenguaje diario, motejar de algo o a alguien de hurdano era resumir en una sola palabra toda suerte de males, carencias y penurias. Baldón y yugo que uncía hombres y tierra. Sambenito y leyenda negra que nunca fue tal porque, por desgracia, era la constatación de una realidad que podía palparse. Pero en poco menos de 10 años esa realidad se ha diluido casi totalmente. Las Hurdes, hoy, tiene una lectura, un paisaje y un paisanaje muy distinto. Casi opuestos.

Todavía hace 10 años, en 1973, un estudio realizado por el Ministerio de Agricultura sobre las 140 comarcas españolas más deprimidas situaba a Las Hurdes en el último lugar del subdesarrollo. Había pasado más de medio siglo desde que el rey Alfonso XIII realizara su célebre viaje a caballo a esta olvidada comarca extremeña y, al sensibilizarse con sus condiciones de vida, fundara el Patronato de Las Hurdes para mitigar sus múltiples males, que eran humanos en sus aspectos más denigrantes: promiscuidad entre individuos, promiscuidad entre hombres y animales, raquitismo, bocio, cretinismo y una innumerable secuela de males sociales.Desde aquel ya lejano junio de 1922 hasta rebasados los años cincuenta, poco se hizo en la comarca hurdana. Simples barnices que apenas rascaban la superficie. Lo único notorio fue el aumento espectacular de su población como resultado de que las hurdanas ya no parían en las casas-cuadra. Tenían una cierta asistencia médica o daban a luz en el convento del Cotolengo, lo que hizo que la mortandad infantil descendiese de manera notoria. Si a esto se suma que el hurdano no emigra apenas (o siempre retorna, aún en nuestros días), no es de extrañar que el censo hurdano arrojara en 1970 una población que superaba el doble de la de 1920. Sólo Las Hurdes, entre todas las comarcas deprimidas de España, ha aumentado en población.

Los parches

Durante lustros tan sólo se pusieron parches a la situación hurdana. Algunos caminos vecinales asfaltados, algunos centros de concentración escolar, escasos médicos, una amplia repoblación forestal y muchos negocios poco claros en el reparto y ejecución de obras a cargo del patronato hurdano (duplicidad de gastos en traídas de agua, electricidad, etcétera). Aparte de los pueblos y alquerías sobre la carretera de Coria a Salamanca, persistían las denominadas Hurdes negras o Hurdes-espanto: La Fragosa, Martilandrán, El Gasco, Aceitunilla, Riomalo de Arriba y un largo etcétera de alquerías donde no existían carreteras, ni a veces luz, ni teléfono, ni escuela, ni centro médico.Hoy ha desaparecido lo más genuinamente característico de Las Hurdes: sus casas, hechas exclusivamente de pizarra (Las Hurdes carece de tierra propiamente dicha), chaparras y negruzcas, con escasos huecos para su ventilación. Viviendas-cuadra donde convivían hombres y ganado.

Hace siete años, las escasas viviendas encaladas, destacaban como pintas blancas entre la mar negruzca de las de pizarra. Y hoy es todo lo contrario: recorrida la mayor parte de la treintena de alquerías hurdanas, ha sido muy difícil para el objetivo de la cámara fotográfica encontrar un pequeño conjunto de antiguas viviendas de pizarra, que ya ni tan siquiera son empleadas para cobijar el ganado. Casas de ladrillo y cemento, encaladas, han ocupado su lugar.

La metamorfosis ha sido completa. El paisaje es otro, y ello porque los hurdanos no han levantado sus viviendas en otro lugar, sino que han destruido sus casas de pizarra y sobre ellas han echado los cimientos de sus nuevas moradas. No han dejado resto. Y ello es lo más espectacular y llamativo. Su odio a lo que representaba la pizarra ha hecho que hayan despreciado este noble material, desterrándolo hasta de los tejados, hoy hechos de teja.

En perdidas alquerías se cuenta en nuestros días con más de un centro médico (de la Seguridad Social, de la Cruz Roja, etcétera), hasta el punto de que constituye un auténtico alarde (puede que hasta inútil) el que 200 ó 300 habitantes cuenten con dos o tres centros asistenciales en el mismo minipueblo. De la nada a la exageración. Se nota a simple vista que el dinero corre por Las Hurdes. Un dinero oficial que se gasta alegremente, como si sobrara.

No es ya que haya carreteras nuevas, sino que las carreteras hechas y en ejecución sobre otros trazados anteriores son mucho mejores que las nacionales, y ello para que transiten escasos vehículos al día. Sobran ya servicios públicos de base: teléfonos, abastecimientos de agua, red de autocares, escuelas, carreteras... Hay un derroche generalizado. Se nota a simple vista que el presupuesto del patronato es excesivo para seguir atendiendo a la comarca hurdana. Es hora de pensar que en España subsisten 140 comarcas con índices de desarrollo muy similares a las antiguas Hurdes, sin la protección de ésta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 1983

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