Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Albania se prepara para relevar a Enver Hoxha

Ramiz Alia es considerado el 'delfín' del régimen estalinista albanés, obstinado en mantener su independencia frente al Este y a Occidente

Belgrado
Después de la oleada de purgas que sucedió a la muerte en extrañas circunstancias del primer ministro, Mehmed Shehu hace casi dos años, Ramiz Alia, jefe del Estado albanés desde finales del año pasado, se perfila como el sucesor del anciano Enver Hoxha, primer secretario del partido comunista albanés (Partido Albanés del Trabajo), que presenta un aspecto abatido y recibe asistencia médica francesa. El régimen de Hoxha persiste en la defensa a ultranza del estalinismo y de la independencia política, rechazando repetidamente las ofertas de diálogo de Moscú, despreciando olímpicamente, a Washington y mostrándose cauteloso en el reinicio de contactos con Pekin. Sobre el futuro de Albania penden importantes intereses estratégicos.

El 18 de diciembre se cumplirán dos años del extraño suicidio del primer ministro albanés, Melimed Shehu, brazo derecho de Enver Hoxha. Murió acusado de haber sido espía pluriempleado al servicio de americanos y yugoslavos. Mientras los pocos diplomáticos extranjeros residentes en Tirana hacen cábalas sobre la salud del septuagenario Hoxha, éste parece haber encontrado un sucesor equilibrado y joven (58 años) en la persona de Ramiz Alia, jefe nominal del Estado albanés desde 1982. Albania sigue siendo el único país de la Europa continental al que no se puede llegar en tren. Es, también, el único país del viejo continente que no participa en la CSCE.No hay asomo de retorno al Pacto de Varsovia por parte de este pequeño país de tres millones de habitantes. Albania salió del pacto militar del Este en 1968. A la arrogancia de Jruschov, que rompió con Albania a principios de los años sesenta han seguido años de coqueteo y oferta de relaciones por parte de los soviéticos (Yuri Andropov estuvo en Albania en los años sesenta con una delegación). Pero la actual Constitución prohíbe "la instalación de bases militares o tropas extranjeras en territorio albanés". Con la ruptura Hoxha-Jruschov, la Unión Soviética perdía en 1961 sus bases mediterráneas de submarinos situadas justo frente a Italia. La China de Mao heredó hasta 1978 todo el favor que la URSS de Stalin había tenido. Ahora, hay signos de que chinos y albaneses intentarán volver a entenderse, pero sobre bases más modestas. Hoy el estalinismo es marca ideológica registrada en Tirana, único país socialista del mundo, según Enver Hoxha.

Caza de brujas

La religión sigue prohibida. Esto no impide que Tirana haya establecido con el Irán de Jomeini unas excelentes relaciones, a pesar de que todas las mezquitas del país están cerradas para el culto.Tampoco Estados Unidos tiene más suerte que la URSS con Albania. Lawrence Eagleburguer, el cerebro de Reagan para los Balcanes, hizo los sondeos necesarios, pero no consiguió, decirle ni buenos días al embajador de Albania en Yugoslavia, Sokrates Plaka, hoy viceministro de Exteriores en Tirana. Los diplomáticos albaneses tienen prohibido hablar con representantes soviéticos o norteamericanos.

En un régimen donde el estalinismo es la única verdad, es inevitable el fenómeno de camuflaje ideológico en políticos e intelectuales. De cuando en cuando Hoxha descubre un par de brujas y las quema. Ése fue el caso de los dos últimos ministros del Ejército, Beqir Balluku (1974) y Kadri Hazbiu (1982), malogrados en sendas purgas. El último era yerno del suicida Shehu.

Europa se interesa por el futuro de Albania tras la desaparición de Hoxha, por tratarse de un país de alto valor estratégico. Dos países, Italia y Yugoslavia, se han disputado durante parte del siglo XX la hegemonía sobre Albania.

La revuelta de las minorías albanesas, que habitan mayoritariamente la región autónoma yugoslava de Kosovo, introdujo en 1981 un nuevo factor de desequilibrio en los Balcanes. Los yugoslavos insisten en que son los albaneses los que azuzan a sus minorías en contra de la Federación Sud-Eslava. Estos últimos replican que se limitan a estar de acuerdo con la petición de los yugoalbaneses de constituirse en séptima república de la Federación yugoslava, superando su estatuto de región autónoma. Ramiz Alia milita en las posturas de Enver Hoxha, pero su vocabulario respecto al problema de Kosovo no es tan cáustico como el de aquél.

Los vecinos yugoslavos han invitado a los albaneses a asistir como observadores a sus maniobras militares de septiembre en Macedonia, pese a no estar obligados a hacerlo.

Ramiz Alia ha accedido al cargo de copiloto de la nave albanesa en un momento delicado. Enver Hoxha llega al final de su carrera política exhausto entre la clase política, aunque apoyado en su carisma entre un pueblo sencillo. Veinte personalidades fueron detenidas tras el suicidio de Shehu, desde la viuda y un hijo hasta el ministro del Interior. Ramiz Alia y sus 10 pares del Buró Político se andan con cuidado al borde del lago de Ohrid, en Pogradec, donde pasa buenas temporadas pescando truchas un Hoxha de aspecto abatido que, de cuando en cuando, recibe asistencia médica francesa.

La biografía de Alia está bien nutrida, excepto en el capítulo militar, donde llegó sólo a teniente coronel. Nacido en 1925 en Escutari, en el seno de una familia de emigrantes de Kosovo, fue ministro de Educación y 1958 dirigió el servicio de propaganda del partido, figurando en el Comité Central desde 1954 y en el Buró Político desde 1961.

Quien suceda a Hoxha se encontrará con un reino que no es de este mundo, con unos 1.000 dólares de renta per cápita, autoabastecido de petróleo, sin un solo coche particular, con una excelente agricultura y exportador de energía eléctrica y cromo. Pero ningún economista sabría cómo aconsejar un desarrollo sin créditos, y la Constitución prohíbe "aceptar créditos de Estados capitalistas, burgueses y revisionistas". Por ello los albaneses no saben cómo aceptar los créditos que la Alemania Federal les ofrece como sucedáneo a unas reparaciones de guerra que no asume.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de octubre de 1983