La crisis se traga los beneficios del Banco de España
La crisis bancaria se ha ido resolviendo hasta ahora, con enormes caudales públicos y sin apenas hacer ruido, a través del Fondo de Garantía de Depósitos. Hay dos excepciones que confirman la regla: el Banco de Navarra y los 20 bancos de Rumasa que se resuelven de manera heterodoxa. En el primer caso, el Banco de España administra la quiebra y en el segundo, el Patrimonio del Estado.Los préstamos que el Banco de España ha destinado a bajo (8%) o ningún interés para el salvamento de bancos en apuros, directamente o mediante anticipos al FGD, superan los 400.000 millones de pesetas. Por otra parte, el Banco de España toma dinero de la banca privada, a través de la colocación de los 1,6 billones de pesetas en Certificados de Regulación Monetaria, a muy alto tipo de interés (esta semana, en tomo al 22%). Tomar dinero caro por un lado y prestarlo barato por otro no suele resultar un negocio muy próspero para el Estado cuyas arcas no recibirán el próximo año ninguna cifra de beneficios similar a las del pasado. Los tradicionales beneficios del Banco de España (130.000 millones de pesetas en 1982) se van a convertir en una cifra próxima al cero en 1983.
Las pérdidas con cargo al erario público de Rumasa y las del resto de la crisis bancaria no se han consolidado ni aplicado aún al Presupuesto del Estado pero su efecto sobre el déficit público cuando se repercutan presupuestariamente -si no quieren dejarlas bajo la alfombra para que las digiera el próximo Gobierno- agigantarán las necesidades de financiación del sector público. O el Estado recauda más impuestos, lo que no deja de ser impopular en tiempos preelectorales, o recurre a la banca privada para financiar el déficit público o lo reparte entre todos animando la inflación mediante la maquinita de hacer dinero.
La vía de castigar a la banca privada con nuevos coeficientes obligatorios podría resultar espectacular de cara al público, en cuanto a la presunción de que "el Gobierno gobierna", si no fuera porque con la otra mano el Gobierno mete en el bolsillo de la banca un 25% de sus beneficios a través de la regulación monetaria para financiar el déficit. Es una política monetaria nueva conocida como "cuatro zanahorias y un palo". Por un lado, Boyer maltrata a los banqueros y por otro les regala dinero a espuertas. Y todo ello por cuenta del Estado. Por eso en medios económicos se espera un acuerdo global Banca-Estado para la solución de la crisis financiera del sector público, y en especial el caso Rumasa.


























































