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Tribuna:

Los problemas del psicoanálisis

Hoy se inaugura en Madrid el 33º Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API), organización fundada por el propio Sigmund Freud, en 1908, con la finalidad de agrupar a todos los psicoanalistas. Durante la última semana de julio, 1.500 psicoanalistas de todo el mundo discutirán en Madrid los problemas que en 1983 enfrenta la ciencia creada por Freud. El doctor Adam Limentani, de Londres, actual presidente de la API, se refiere sumariamente en este artículo a algunos de estos problemas.

Han transcurrido casi 100 años desde que Freud comenzó a trabajar en el proyecto que había de revolucionar la comprensión de los procesos mentales, aunque no fue hasta 1908 cuando un grupo de fieles discípulos se reunió en Salzburgo para celebrar el Primer Congreso de Psicoanálisis. Desde entonces, el movimiento psicoanalítico ha experimentado profundos cambios, que se reflejan en la existencia de 38 sociedades, con un número aproximado de casi 5.500 miembros. Inevitablemente, el constante crecimiento de nuestra asociación internacional ha producido problemas internos y externos que afectan a todos los psicoanalistas que suscriben, con Freud, la creencia de que el psicoanálisis es un método de investigación del funcionamiento mental y un cuerpo de conocimientos que incluye un concepto del desarrollo, la estructura y el funcionamiento de la personalidad normal y anormal.La teoría ha seguido una evolución fructífera clarificando, corrigiendo y desarrollando las primeras conclusiones de Freud. Mientras que los psicoanalistas de América del Norte han tendido, en general, a ceñirse más estrictamente a las enseñanzas de Freud, América Latina, Europa y el resto del mundo se han visto profundamente influenciados por las contribuciones de autores posteriores, tales como Melanie Klein, Bion y Winnicott, por citar unos pocos. Consiguientemente, nuestros congresos nunca han estado exentos de controversia, y han contribuido notablemente a mejorar la comunicación y la comprensión entre las diversas escuelas de pensamiento.

Sin embargo, el psicoanálisis es asimismo un método específico de tratamiento que precisa varias sesiones semanales durante algunos años. Este hecho genera por sí mismo innumerables problemas relativos a la técnica, a los que se les ha dedicado cada vez mayor atención en los últimos congresos, sin olvidar jamás su relación con la teoría. En realidad, el congreso actual está dedicado casi totalmente al modo de trabajar del analista, y promete resultar altamente interesante, ya que se estudiará minuciosamente toda clase de enfoques.

Un problema interno importante con el que nos encontramos actualmente es la disminución de la demanda de psicoanálisis en países tales como Estados Unidos y el crecimento -realmente explosivo- del interés y la demanda de formación en muchos países de América Latina y de Europa, especialmente Francia, Italia y Alemania. Esta evolución tan contrastante se ha evitado, afortunadamente, por ejemplo, en España, el Reino Unido y algunos países escandinavos.

Es una cuestión preocupante, puesto que el incremento de psicoanalistas formados concienzudamente debiera acompañarse de una demanda similar de tratamiento por parte del público. La presente crisis económica mundial está empezando a producir una discrepancia en términos de que la demanda de psicoanálisis se man tiene invariable, en tanto que aumenta la disponibilidad de psico analistas, lo que parece llevar a in tentos de modificar la técnica psicoanalítica, por ejemplo, reduciendo el número semanal de sesiones. Pero la causa más seria de tensiones dentro de la asociación procede del eterno problema de quién debe pertenecer a ella... Creo que el público espera de quienes vayan a dedicarse al tratamiento de los enfermos mentales que tengan una formación tan rigurosa como la de quienes practican las diversas especializades médicas. Por tanto, se espera un alto nivel de formación de los psicoanalistas, médicos o no. En este punto es donde queda más claro el papel de la Asociación Psicoanalítica Internacional, en cuanto le corresponde asegurar que la formación y la conducta ética de sus miembros son las adecuadas.

Quienes pertenecen a las sociedades que componen la API se hallan en una posición de fortaleza y privilegio, no sólo cuando ofrecen sus servicios a un paciente determinado, sino también frente a sus colegas de disciplinas afines.

Amenaza de imitadores

Volviendo a los problemas externos más apremiantes, el psicoanálisis, que no está ya en peligro de ser eliminado por sus adversarios, sí está grandemente amenazado por imitadores sin escrúpulos y por gran número de personas que se están formando como supuestos psicoanalistas fuera de nuestras instituciones reconocidas. En algunos casos, cuando temas ideológicos han propiciado la aparición de figuras carismáticas, se han creado grupos bien organizados y con formación regular. Esto ha sucedido desde los inicios del psicoanálisis, y muy a menudo la formación que se ofrece no guarda parecido alguno con la que Freud y los posfreudianos recomiendan. Un ejemplo lo constituye la École Freudiénne, fundada por Lacan en Francia y que cuenta con seguidores en todo el mundo. No deja de ser curioso que precisamente cuando los psicoanalistas estaban en condiciones de liberarse de las influencias antropológicas y filosóficas, Lacan, de una forma muy sutil, volviera a introducir la filosofia en el cuerpo de teoría del psicoanálisis. Aunque la École ha dejado de existir, su influencia -bajo el lema de la vuelta a Freud- se deja sentir todavía en algunas sociedades componentes de la API. En cierto sentido, estas continuas amenazas no son del todo negativas, puesto que obligan a los psicoanalistas a estar alerta para proteger sus posiciones respectivas.

Con problemas y desarios similares nos encontramos en relación con otros grupos que trabajan en el campo psicológico. En general, nuestros miembros se enfrentan bien, desde sus propias sociedades, con los problemas que plantea la aplicación del psicoanálisis a la terapia de grupos y de familias y a las llamadas comunidades terapéuticas. Muchos psicoanalistas tienden actualmente a trabajar en instituciones, por lo menos a tiempo parcial, y a su contribución debemos que sea cada vez mayor el número de personas que toman conciencia de que para trabajar efectivamente en formas muy especialízadas de intervención psicológica es muy positivo contar con un bagaje psicoanalítico sólido.

Debo decir que no está en el ánimo de nadie negar que el análisis tiene mucho que aprender de otras disciplinas -como, por ejemplo, la sociología, la psicología y, especialmente, la biología-. En el futuro, es de esperar que la correlación de nuestras teorías con la observación más precisa del desarrollo físico del individuo que aporta la ciencia moderna propicie desarrollos apasionantes. A las nuevas generaciones de psícoanalistas les corresponderá extraer el máximo beneficio de estos adelantos y mantener todas nuestras teorías bajo verificación constante.

Adam Limentani M. D., es presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de julio de 1983