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Viajar

Alcaraz, abrupta y cuajada de fuentes

Al sur de Albacete esta la sierra de Alcaraz llamada también sierra del Agua

Allí donde la larga llanura manchega se rompe en varios cerros y da comienzo una sierra abrupta, cuajada de fuentes, la llamada popularmente sierra del Agua, desmintiendo la horizontalidad que se supone a esta provincia de Albacete, se levanta Alcaraz, ciudad noble donde las haya, desconocida por tantos, disputada numerosas veces por moros y cristianos, monumental, "llave de España", como reza el lema de su escudo de armas.Desde la meseta, a través de esa carretera comarcal que une la general de Andalucía con la parte de Albacete, Alcaraz no es apenas más que unos lienzos de muralla perdidos a media ladera en el cerro. Habrá que rodearla por su base más amplia y ascender en vertical hasta alcanzar el arco de entrada a la población. Hasta siete puertas mantenía en el pasado siglo, si bien su antiguo castillo se encontraba ya abandonado, en ruinas, sirviendo de recinto, como en tantos otros lugares, al cementerio. Hoy sigue cumpliendo esta función, vigilando desde alto del cerro la vida y la muerte. Pero volvamos a la entrada de la villa, y en ella a la calle Mayor: a derecha e izquierda se abren portadas góticas y renacentistas, decoradas estas últimas con portadas de guerreros que recuerdan la famosa de los Salvajes de Úbeda o tantas otras proyectadas por el gran arquitecto Vandelvira, nacido precisa mente en Alcaraz. Todas ellas nos hablan de la nobleza de la ciudad, que desde su reconquista por Alfonso VIII de Castilla, y después de pertenecer durante varios años al arzobispado de Toledo, fue dominio exclusivo de la corona, resistiéndose en distintas ocasiones sus caballeros a ser donación de nobles. Cerro abajo, y cortando la calle Mayor, caen casi en vertical distintas callejas, apretadas, apoyándose sus casas para librarse del vacío. En una de ellas, el convento de la Magdalena. Al otro lado de la calle principal, la iglesia de San Miguel, del siglo XVI. En todos los rincones, la sensación inequívoca de penetrar en otros siglos, cuando Alcaraz era una ciudad en pleno apogeo y de sus telares salían aquellas magníficas alfombras de técnica mora que adornaban mansiones y palacios. Pero la maravilla de Alcaraz es su plaza Mayor, para mí una de las más bellas de nuestro país. Formando esquina se levantan las dos hermosísimas torres desiguales, que en la distancia se hacían una. Adosada al antiguo convento de los dominicos la del Tardón, renacentista, que obedece a un proyecto de Vandelvira. Gótica en su primer cuerpo la de la iglesia de la Trinidad, acabada con sobriedad en el siglo XVI, siguiendo las normas clásicas. Las dos espléndidas. Los edificios que cierran la plaza completan la perfección del cuadro: el Ayuntamiento, también de finales del XVI, rotundo, simétrico, con esa portada plateresca, perteneciente a la casa de los Sabuco, que da a la calle; el Pósito, alargado, con doble arquería, también renaciente: frente a él, la pequeña placita ajardinada, a la que se abre la preciosa portada, del último gótico, de la iglesia de Trinidad; y, finalmente, la espléndida lonja del Corregidor o de Santo Domingo, reconstruida en el XVIII, en la que se mantienen algunos elementos góticos. Asombrosa la plaza entera, declarada monumento histórico-artístico nacional.

En los alrededores

Se encuentra el cerro de Cortes, donde se alza el santuario de la virgen del mismo nombre, aparecida, cuenta la tradición, a un pastor en el tronco de una encina. De gran fama desde la fecha milagrosa, allá por los comienzos del siglo XIII, en ese lugar se reunieron las Cortes de Castilla y Aragón. Todos los 8 de septiembre tiene lugar una gran romería, a la que acuden gentes de distintas partes del país.

Atravesando la Sierra del Agua por la comarcal que se dirige a Elche de la Sierra, se llega a Vianos, al borde mismo de un gran barranco sobre la meseta, un pueblo aplastado y blanco, lleno de rejas que adornan las calles estrechas y retorcidas que van a dar a la iglesia, rematada con una hermosa torre octogonal con ventanas de decoración renacentista.

Más al Sur

Aquí justo da comienzo la sierra de la Atalaya, que habrá que salvar, bordeando tajos y desfiladeros, en medio de un paisaje agreste en el que no tiene cabida el hombre: pinos, plantas aromáticas, la tierra en su estado primigenio son sus únicos habitantes Kilómetros que transcurren en soledad hasta llegar a Riópar. En sus afueras, los restos de la antigua fábrica de San Juan de Alcaraz, fundada en 1733, una muestra perfecta del urbanismo racionalista. Se accede al recinto a través de un paseo bordeado por grandes plátanos de sombra. A la derecha, las ruinas de la fábrica, de donde salían, cuenta Madoz, braseros, chocolateros, cazos "y toda suerte de casquería". A la izquierda, las viviendas de los empleados, formando una plaza salpicada de frutales, amplia, que tenía en su centro una fuente de aguas potables. Estuvo, me contaron allí mismo, en funcionamiento hasta después de la guerra civil.

De la misma población nace la carretera que lleva a Los Chorros, una excursión obligatoria en estas tierras. Entre pinos e hileras de álamos se remonta el curso del río Mundo hasta su mismo nacimiento, allí donde brotan milagrosamente las aguas, surgiendo del vertical farallón tocado de la vara mágica, en medio de un paisaje umbrío, tan perfecto que en los días de soledad hace dudar de la realidad de ese mundo que ha dado nombre a las aguas del río.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de mayo de 1983