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Crítica:POP

Siniestro Total, la raza

¿Raza? ¡Raza! Eso es lo que ofreció Siniestro Total en sus dos conciertos de fin de semana en el Rock-Ola. Pero raza combinada con inteligencia y entrega para acabar en uno de los espectáculos más corrosivos que puedan contemplarse en el pop hispano. Siniestro es un grupo gallego que, bajo el manto del punk, ha construido un edificio cuya puerta, el pasado fin de semana, fue un himno del Celta de Vigo, progresivamente acelerado, y que hizo prorrumpir en aplausos hasta a los militantes del Atlético de Madrid presentes en la sala y que habían de soportar que el equipo de sus amores era despreciado por los vigueses.

Por otro lado, y con todas las barbaridades que dicen, los miembros de Siniestro Total muestran un sentido del humor difícil de encontrar en este país, y su música, deliberadamente brutal, posee mayores matices que muchas otras pretendidamente más complejas. Siniestro es un ejemplo excelso y estupendo de cómo no es tan necesario que un grupo suene bonito como que ese sonido resulte adecuado. Y, dentro de ello, cada uno de los componentes de Siniestro es de una competencia extrema, aunque su música parezca de broma. No. lo es, sino sencilla, directa, áspera y tan extremada como las letras, hasta lograr una intensidad y una excitación raras.

Capítulo aparte lo formaba el público, compuesto en su aspecto más guerrero por un nutrido grupo de punkis, que ocuparon las primeras filas con sus saltos y piruetas y se dispusieron convenientemente para llenar de escupitajos a los músicos; que ésta y no otra es la forma en que esa gente demuestra su entusiasmo y su cariño. No hubo demasiados problemas, a pesar de la actitud nerviosa que mostraba el habitual servicio de orden, que, en un par de ocasiones, se pasó ampliamente con algún elemento especialmente borracho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de enero de 1983