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Una casualidad llevó hasta Sevilla el 'gordo' de la lotería

La edición 1982 de la Lotería de Navidad tuvo un primer premio madrugador. A las 9.50 horas de la mañana los niños Antonio Navas y Juan Campos, del colegio de San Ildefonso, cantaban el número, el 21.515, y el premio, 250 millones de pesetas. Poco después se sabía que 39 de las 41 series de ese número se habían vendido en la administración número 21 de Las Palmas. Entonces todo el mundo pensó en esos 10.000 millones a que habían ido a parar a la isla, más afortunada que nunca. Un personaje, Fernando Vázquez, se ha convertido en protagonista de la jornada, El se llevó de Las Palmas a Sevilla 35 de las 39 series del gordo y metió en Andalucía casi nueve mil millones de pesetas. Luego ese numero fue distribuido por empleados de la Compañía Telefónica en casi todas las capitales andaluzas. En Madrid, segunda ciudad por volumen de dinero conseguido, la fiesta no estuvo en la calle sino en el Ministerio de Administración Territorial, y en Barcelona fue un cura de barrio el encargado de repartir fortuna. En Alcira, donde se esperaban los millones, todo se quedó en seguir mirando, como cada día, las listas de ayudas oficiales.

Sevilla que jugaba alrededor de 1.200 millones de pesetas, se convirtió ayer en la capital de la alegría y la esperanza gracias a una casualidad que trajo hasta aquí 35 series del gordo desde Canarias y los repartió entre empleados de la Telefónica, obreros de Astilleros y otras empresas y vecinos de la popular barriada del Tiro de Línea. Es la segunda vez que el primer premio cae en Sevilla desde el inicio de la transición y la fiesta por la suerte repetida se completó por la confirmación del tópico que atribuye a la lotería cualidades redistributivas de la justicia social: "Esta ha sido una de las mejores repartidas de la lotería nacional de todos, los tiempos", diría uno de los agraciados.

Las Islas Afortunadas lo fueron menos por culpa de Francisco Viejo, emigrante y regente de una administración de lotería en Las Palmas, que se acordó de sus paisanos y remitió a Sevilla, por intermedio de su padre y su cuñado, 35 series del 21.515, portadoras por azar de casi 6.000 millones de pesetas. Al pueblo sevillano de El Coronil se fueron algunos millones de un cuarto premio, que casi se puede decir que gratificaba la perseverancia, ya que el grupo de vecinos que compró ese número, lo hicieron por una tradición que se remonta a varias generaciones en el pasado. El tercero estuvo también en la capital andaluza hasta las cinco de la tarde del martes 21, cuando la administración correspondiente decidió devolverla a Hacienda.El barrio del Tiro de Línea, donde los vecinos han pedido reiteradamente el traslado de las instalaciones de Catalana de Gas, registró ayer una fuerte explosión... de alegría.

El padre de Francisco Viejo se convirtió en vehículo de la suerte y distribuyó parte de las series enviadas por su hijos entre los socios de la peña El Quince. La superstición jugó papel importante: "nos dieron a escoger entre dos números y nos decidimos por el que terminaba en quince, por coincidir con el nombre de la peña".

Justa decisión que se celebraba desde las diez de la mañana en la sede de la peña, en la calle Sanlúcar la Mayor, donde el griterío era impresionante, las expresiones de júbilo tomaban formas insospechas ("¡toca la guitarra, hijo puta!") y abrazos y besos se sucedían sin más interrupciones que las poses para los fotógrafos y los momentos de declaraciones ante el magnetofón. Rumbas y sevillanas centraban por momentos la atención de los grupos y corrillos concelebrantes de la suerte.

El maná no hizo perder la cabeza a nadie. Los afortunados consideraban, en general, los premios recibidos como una inyección para sus modestas economías, "porque la vida está muy cara". Guillermo Reina, con treinta millones en el bolsillo, estaba comprando juguetes para su nieto cuando le dieron la noticia. "Estoy tranquilo. ¿Qué voy a hacer, salir corriendo?", explicaba ante la extrañeza por su serenidad, aunque de inmediato reconocía: "me viene muy bien, porque estoy de baja por enfermedad y teníamos que apañarnos con menos de 30.000 pesetas al mes". Peor era la situación hasta ayer de Manuel Sierra, de baja en el trabajo y con once hijos que mantener. Para ellos han sido veinte millones.

Juan Viejo no tuvo inconveniente en tranquilizar a un vecino que llegó acalorado pidiendo el recibo de su participación, que todavía no había abonado. Se apresuró a pagarlo y Viejo le entregó el recibo. Más nervios tenía una señora que, entre sollozos, repetía: "a mí no he tocao na, pero estoy muy contenta porque la mayoría de esta gente está en el paro y me alegro mucho por todos ellos", contando a continuación las mínimas historias del escayolista parado o el que tenía un taller al borde del cierre. Enrique Portillo, cocinero de un bar, celebró la noticia de su premio con un ataque de piromanía: prometió quemar la ropa que llevaba puesta y el coche, que ya tiene quince años.

De la mano del Tiro de Línea llegó el gordo a la chirigota Los caperucitos enrollaos. Uno de ellos explidaba que "es la alegría más grande del mundo entero" y anunciaba sus planes inmediatos: "esta tarde me llevo a los niños a El Corte Inglés o donde sea y les compro todos los juguetes que quieran". De paso, el colectivo carnavalesco ha resulto su problema para estar en Cádiz en febrero próximo, porque no tenían dinero suficiente para disfrazarse de toreros, como era su intención. Ahora, una parte de esos veinte millones llovidos desde el bombo les solucionan también esta papeleta.

También fue alguien del Tiro de Línea quien llevó la suerte del 21.515 a la factoría de Astilleros Españoles. En este caso, los doce obreros que participaban en el número estaban tomando el bocadillo y salieron corriendo y chillando como locos. "Yo no se si me voy a retirar", comentaba después uno de ellos, "pero lo que no voy a hacer más es preocuparme por mi contrato". Desde entonces allí no trabajó nadie: "ha sido una revolución en Astilleros.

Tampoco se dio golpe en la central de la Compañía Telefónica en la calle Rubén Darío. Al negociado de construcciones llegó el premio a través del cuñado de Francisco Viejo -el sevillano afincado en Las Palmas-, que distribuyó 600.000 pesetas en participaciones, aunque buena parte viajó a las oficinas de la Telefónica en otras provincias andaluzas.

Y así sucesivamente. Antonio Rojas podrá mandar a sus hijas a dar clases de baile y musica, como era su ilusión, Simón Santiago casó a su hija el mismo día en que la lotería llamó a su puerta de empleado de la Telefónica, un anónimo insistía en quitarse de encima las trampas y otro resumía su futuro en el terreno gastronómico: "ahora, a comer pata negra", cuando todavía su esposa desconocía la certeza inmediata del jamón en casa porque había ido de mañana al cine con los dos niños.

Alegría en Córdoba

A las diez de la mañana de ayer, un trabajador de Telefónica subido en su escalera en la plaza de Colón, de Córdoba, donde realizaba un tendido, bajó de un salto siete peldaños con una papeleta en la mano; cinco o seis compañeros de la brigada, en plena calle, saltaban abrazados. En efecto, la sección de construcciones de la Compañía Telefónica Nacional de España en Córdoba habían pellizcado, en un largo viaje, seiscientos millones de pesetas que fueron traídos desde Sevilla, a cuya jefatura regional llegaron después de haber sido recibidos desde Las Palmas, informa Sebastián Cuevas.

Lo curioso del caso es que el en cargado de la sección de construcciones, José Luis Hurtado, de 49 años, casado y con cuatro hijos, que en el transcurso de una de las reuniones habituales de los jefes en Sevilla, trajo para Córdoba el pasado día 27 de octubre las participaciones, al final no ha conseguido ningún premio. Acaso sea el único, ya que 109 trabajadores de la Telefónica han resultado agraciados con cantidades que oscilan entre los tres millones y los quince millones que ha obtenido Rafael Alba Serrano.

"Pude quedarme con algún décimo, pero entregué toda la lotería a una compañera para que la distribuyera de acuerdo con los encargos que había hecho el resto del personal, diciéndole que una vez distribuida yo tomaría participaciones de lo que sobrara", decía ayer a EL PAÍS aparentemente con más alegría que tristeza José Luis Hurtado, "pero la verdad es que se me pasó y cuando hace unos días le pregunté que cuánto me había correspondido de participaciones, me dijo que se había agotado." Yo", concluyó diciendo, "pensé que otro año jugaría, que daba igual".

Al margen de este premio, la provincia se ha visto beneficiada con una serie del número 2.292, premiado con seis millones de pesetas. En total, el número, vendido en la administración de lotería de La Rambla, pueblo de la campiña, ha distribuido sesenta millones de pesetas, de los que 35 han correspondido al Partido Comunista de Andalucía en la localidad próxima de Montemayor.

También llegó a Cádiz

El gordo de la lotería de Navidad también se paseó por la provincia de Cádiz, informa José Ángel Bermejo. Unos 1.300 millones de pesetas han caído, muy repartidos, entre más de trescientos empleados de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) que trabajan en los distintos departamentos que esta compañía tiene en la provincia. Pero la mayor alegría recayó en tres empleados del departamento provincial de construcciones de la compañía, apellidados Viarta, Virigal y Bustillo, pues cobrarán cada uno veinticinco millones de pesetas.

Estas participaciones del primer premio tuvieron el mismo origen que en el caso de Córdoba. En Cádiz, el premio quedó muy repartido, ya que la mayoría de los empleados habían adquirido tan solo participaciones de cien, doscientas y quinientas pesetas.

Participaciones en Badajoz

También en Badajoz la suerte estuvo ligada a la Telefónica. Varios obreros de la CTNE destinados en Zafra, donde se realizan obras de ampliación de líneas, se vieron sorprendidos, mientras trabajaban a primeras horas de la mañana, cuando los niños del colegio de San Ildefonso cantaban el primer premio de la Lotería Nacional, informa Julián Leal, a través del transistor que llevaron a la galería donde trabajaban.

Algunos de ellos han sido premiados con 25 millones de pesetas, pero la mayoría recibirá entre 5 y 15 millones.

Santa Marta de los Barros y Bienvenida han sido otras localidades agraciadas en este sorteo mediante participaciones del segundo y primer premio, respectivamente, enviadas por emigrantes a sus familiares y amigos.

Muy repartido en Málaga

El sorteo extraordinario de Navidad en Málaga, ciudad en la que se ha vendido una serie del número 21.515, llevó la alegría y el jolgorio a uno de los barrios más castizos y pobres de la capital, La Cruz Verde, no tanto por la cantidad repartida entre los vecinos, sino por la precariedad económica de los mismos. El número premiado se ha vendido en la administración número 5, conocida popularmente como El Gato Negro, y, según declaraciones de la administradora, María Soledad Meliveo, está muy repartido, informa nuestro corresponsal.

Una hora después de que la radio y la televisión difundieran el gordo e informaran de que en Málaga se repartirían 250 millones del mismo, los alrededores de El Gato Negro quedaron totalmente colapsados ante la masiva afluencia de periodistas, banqueros y curiosos. Pero la fiesta se celebró en la barriada de La Cruz Verde, próxima a Capuchinos, en la que un vendedor ambulante, Gregorio Santiago Vargas, ha repartido cien millones de pesetas en participaciones de veinte duros.

Gregorio Santiago, al que le han correspondido cuatro millones, tiene más de cincuenta años y, al igual que sus cuatro hijos, está en paro. Entre palmas, rumbas y sevillanas -una mayoría de los habitantes de este barrio es de raza gitana- el vendedor recordó el trabajo que le había costado colocar las participaciones.

Además de esta serie del primer premio, en la capital se ha vendido también una serie del número 15.816, premiado con seis millones de pesetas, y otra, con idéntico premio, en la localidad de Alora.

Entre las anécdotas de la jornada, destaca el enfado generalizado del personal de Telefónica en Málaga ante una presunta discriminación de sus compañeros de Sevilla. Estos compraron varios números del gordo, traídos de Las Palmas, que posteriormente repartieron en las delegaciones de Cádiz y Córdoba, pero no en la de Málaga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de diciembre de 1982

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