Crítica:CINECrítica
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Ruta de perdedores

A pesar de los premios recibidos por Norma Rae, su película anterior, no ha tenido Martin Ritt el éxito de público necesario para prolongar con comodidad su filmografía. Es Martin Ritt un director inquieto que trata en todas sus obras de reflejar verdades poco agradables para quienes gobiernan su país.La gran esperanza blanca, Hud, Odio en las entrañas, Hombre o La tapadera (The front), por citar sólo algunos de sus títulos, han despertado muy distintas reacciones entre los espectadores, pero todas ellas han partido de un serio compromiso que hace de Ritt uno de los hombres claves del mejor cine norteamericano de nuestro tiempo.

Quizá esa falta de respuesta popular le haya hecho caer en la tentación de rodar Dos hacia California, una historia poco original, en la que Ritt ha conseguido introducir su habitualmente amargo punto de vista, pero en la que impera el esquema de película de viajes, es decir, de anécdotas y aventuras risueñas que escalonan previsiblemente la acción.

Dos hacia California

Director: Martin Ritt. Guión: Gary de Vore. Música: Henri Mancini. Fotografía: John A. Alongo. Intérpretes: Sally Field, Tommy Lee Jones, David Keith. Comedia dramática. Norteamericana, 1981. Local de estreno: Luchana 3.

La nueva tierra

Una pareja de perdedores -prostituta que no puede ver al hijo que ahora adopta un matrimonio de orden y boxeador frustrado que consigue dinero robándolo a borrachos indefensos- deciden unir sus huidas y buscar una nueva tierra -California, en este caso-, en la que poder comenzar una existencia confortable. Las incidencias de su recorrido, sin dinero ni amigos, les va enfrentando a una realidad inesperada: quizá no lleguen nunca a California "porque California no existe".Sus vidas están ya marcadas por el fracaso. Ninguno podrá rehacerla, aunque sí encontrar una forma distinta de soportarla. El amor que les une descubre perspectivas nuevas. El es su única California posible.

Tópicos del texto

Sally Field, en el papel de prostituta, muestra una vez más sus espléndidas dotes de actriz. Por la interpretación de Norma Rae logró el premio de interpretación del festíval de Cannes; por el de esta película podría haberlo ganado de nuevo si, tanto Martin Ritt como su guionista, hubieran encontrado situaciones auténticamen te nuevas o desarrolladas con una mayor profundidad en la película.El trabajo del director es espléndido al recrear con sensibilidad los tópicos del texto, pero no alcanza esa visión global de otros títulos suyos, imprescindibles en muchos casos para conocer seriamente la historia de su país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0013, 13 de noviembre de 1982.