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Los miuras, en la siesta

Sí, durmiendo la siesta estaban los seis toros de Miura que se lidian esta tarde. Allí, en los corrales, dormitaban sus últimos suefíos táuricos; quizá soñaban con la apacible estancia de la finca, allá en Zahariche. Estaban tristes.Sí, tristes y tranquilos parecían encontrarse los astados. Y no es lo normal en estos animales, de por sí nerviosos, ácidos y agresivos entre ellos. Las más de las veces el riesgo está presente de que en la corrida no se lidie al completo, por mor de sus destemplanzas y predisposición a lastimarse o matarse entre sí. Y muchas veces la corrida se ha tenido que lidiar incompleta y remendada con otro hierro, porque este ganadero mianda siempre los seis toros justos, ninguno de repuesto, y se corre el albur de la suerte de no tener que sustituir ninguno.

Los miuras de esta tarde bajan en peso respecto a otros años, todos andan sobre quinientos kilos y con una diferencia de no más de veinte kilogramos entre toro y toro. Esto siempre es bueno y favorable para quie los toros tengan más movilidad.

También es apreciable el que estén en un tipo idiferente al de su genuino origen de la casta de Cabrera, con la existencia de dos bloques de tres que se parecen entre ellos.

También es evidente que hasta el pelaje es di.stinto al clásico, pues sólo existe un toro negro entrepelado y los demás son casi negros. No apaxecen cárdenos ni berrendos.

Mari Jaia, que es la muñeca gigante representativa de las fiestas e íntima amiga de las komparsas (peñas), burlona, alegre, rechoncha y gorda, que es optimista y muy clásica, tiene la esperanza de que los miural alegren la fiesta con su fuego y la lancen más arriba, porque la fiesta en Bilbao va a más.

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