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Crítica:CINE
Crítica

Torpe parodia

Si la parodia no es más ingeniosa que el original, mejor es no intentarlo. Clive Donner ha dirigido una película en la que se quiere recuperar al legendario detective chino Charlie Chan, para enfrentarle a una aventura sosa, sin interés ni gracia, que, para mayor desgracia, se ha querido plantear en términos humorísticos. Si el humor, por su parte, es tan desangelado como en este caso, mejor hubiera sido reivindicar a Chan en los mismos términos de los años treinta. (Por cierto, se anuncia la reposición en España de varias de las películas que interpretara entonces Warner Oland; será una mejor ocasión para recordar, o conocer por vez primera, la auténtica personalidad del sagaz detective).En La maldición de la reina dragón no hay forma de reconocerlo. Los absurdos crímenes que jalonan la historieta quedan diluidos en lo grotesco: resbalones, carreras, tropiezos y necedades, que obligan a los actores a caricaturizarse hasta el punto de que el espectador no tiene capacidad para tomárselos en serio ni para sonreír. Peter Ustinov es el único que aplica un cierto sentido del humor, pero el guión no le deja desarrollarlo.

La maldición de la reina dragón

Director. Clive Donner. Guión: Stan Bums y David Axlerod. Música: Patrick Williams. Intérpretes: Peter Ustinov, Lee Grant, Brian Keith, Angie Dickinson, Roddy McDowal. Norteamericana, 1981. Comedia. Locales de estreno: Juan de Austria, Los Angeles, Extremadura.

Clive Donner refleja, incluso, una torpeza narrativa que está muy lejos de recordarle como el mismo director que ofreció, en los años sesenta, la espléndida Fango en la cumbre o la insólita ¿Qué tal, Pussycat? Un estreno, pues, incomprensible: es una película condenada al olvido.

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