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Crítica:CINE / 'EN BUSCA DEL FUEGO'

Violencia y humor

Varias tribus prehistóricas se enfrentan entre sí. La lucha por su supervivencia es tan precaria, los conocimientos que tienen sobre la vida son aún tan escasos que sólo la violencia les permite apoderarse del nuevo elemento, imprescindible ya para combatir el hambre y el frío: el fuego. Ninguna de esas tribus sabe cómo encenderlo. Creen que su misión se limita a mantenerlo vivo, y en una de sus cotidianas batallas por apoderarse de la llama sagrada, el fuego muere. De nuevo el principio de todas las cosas, la desolación, la impotencia.Tres jóvenes son encargados de ir En busca del fuego. La película observa su viaje en el que, lógicamente, la violencia de otros seres humanos, de animales salvajes o de la propia naturaleza van apareciendo esporádicamente. También, el amor. Un amor salvaje, duro, impersonal, al principio; más tarde, la pasión de la pareja, con las ilusiones y trabas que aún hoy perviven.

En busca del fuego

Director: Jean Jacques Annaud. Guión: Gerard Brach. Música: Philippe Sarde. Lenguaje y expresión: Anthony Burgess y Desmond Morris. Intérpretes: Everett McGill, Rae Dawn Chong, Ron Perlmati, Nameer El-Kadi. Francesa, 1981. Aventuras. Locales de estreno: Cartago, Cid Campeador, Novedades.

Estamos ante una película insólita en la que se mezclan informaciones históricas (a veces deformadas, con leves anacronismos) col elementos lógicamente inventados que diferencian a los personajes centrales, confiriéndoles características propias que la ausencia total de diálogos hacía muy difícil. En busca del fuego se abre a distintas sugerencias sobre el ser humano que, contemplado en el espejo caricaturesco del hombre prehistórico, hace hincapié en la eterna grosería, en lo grotesco. El esquematismo e ignorancia de este hombre primitivo, su desvalimiento, su ternura, sintetizan muchas constantes de la Historia.

Jean Jacques Annaud, su director, ha elegido una línea cercana al documental donde no estorban ni faltan los elementos propios de una narrativa tradicional. El acierto fundamental de su trabajo es precisamente el haber encontrado una forma de contar que toma de varios géneros y tendencias sus mejores aspectos; a él habría que añadir los de la composición de personajes, la localización de exteriores y la calidad de la banda de sonido.

Cierto que no ha podido eludir un ligero toque burgués, de salón, con guiños elementales que amenazan con conducir su proyecto por caminos obvios. Quedan engullidas esas tentaciones por la originalidad del planteamiento. Los cuatro años de trabajo, el rigor de la planificación y el importante presupuesto económico, sufragado con capital norteamericano, condicionan unos resultados que llegan incluso a entusiasmar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de marzo de 1982