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Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Economía política de la política económica

JOSE V. SEVILLA SEGURALas tensiones internas que viene soportando el partido político en el Gobierno tienen inevitablemente su reflejo en el terreno de la política económica y, análogamente, han acabado situando a ésta en una zona de equilibrio inestable e indecisión entre dos alternativas básicas que responden a dos concepciones políticas -sin más- y aun vitales. En un lado del espectro se sitúa la opción conservadora, y apuntando en dirección contraria, la opción que pudiéramos denominar progresista.

En esencia, la alternativa conservadora en política económica tiene como característica fundamental la utilización de mecanismos de transferencia, mecanismos que actúan preferentemente sobre el patrón de distribución de la renta, intentando con ello conseguir, en definitiva, el mantenimiento y la rentabilización del aparato productivo existente.Tal orientación de la política económica hallaría su apoyo en aquellos sectores productivos y sociales que previesen pérdidas posicionales en un proceso de cambio o modernización del aparato productivo, apreciación subjetiva que no necesariamente tiene que coincidir con los resultados de una previsión racional. Los medios de política económica defendidos desde esta perspectiva serían, como hemos indicado, los puros mecanismos de transferencia, que van desde reducciones en los salarios reales, pasan por la demanda de capital en condiciones preferentes y acaban por recurrir al presupuesto público, tanto mediante bonificaciones fiscales como a través de subvenciones.

Esta línea de política económica posibilita, probablemente, menores niveles de paro a corto plazo, en la medida en que consiga funcionar plenamente de acuerdo con su lógica interna. Por el contrario, como es obvio, ofrece más bajos niveles de vida y, en buena medida, mayor distanciamiento de los mercados internacionales y, en particular, de la CEE, dado que con esta política, si bien el aparato productivo existente se rentabiliza, la vía utilizada para ello no permite situarlo en los niveles de eficacia y competitividad necesarios para operar libremente en los mercados internacionales.

El centro reformista

La otra alternativa, que hemos denominado progresista, cambia respecto de la conservadora los datos por variables, y viceversa. Aunque, naturalmente, cabe concebirla con dosis variables, según las posturas, de mercado-sector público, es claro que supone introducir, desde la posición actual de partida, mayores grados de libertad económica. Podría afirmarse que en esta alternativa el objetivo consiste en mantener y mejorar los niveles de vida de la población y, por tanto, los de eficacia y competitividad del aparato productivo, aunque para ello sea necesario alterar su estructura presente y, por consiguiente, la distribución del poder económico y social. Esta política renunciaría, como es obvio, a plantear una batalla unidireccional sobre los salarios y, desde luego, aceptaría los precios de mercado del capital, olvidando igualmente el recurso constante al presupuesto del Estado.

Aunque es evidente que entre ambas alternativas la izquierda política sería más favorable a esta última, no es de este sector de donde tal política deriva su fuerza y presencia en la sociedad. La alternativa progresista suele defenderse desde los sectores más dinámicos del propio aparato. productivo, animadores de una mayor presencia del mercado, y también desde buena parte de la inversión extranjera, acostumbrada a operar en mercados internacionales. En este sentido, pues, la inversión extranjera puede jugar un papel dinamizador positivo, dependiendo de que el marco institucional que se diseñe, y naturalmente la propia política económica, así lo exija.

Naturalmente, ambos modelos de política económica conducen hacia direcciones distintas. Así, mientras el modelo conservador no introduce traumas o, al menos, minimiza los traumas sobre el aparato productivo, y presenta ventajas sobre el empleo a corto plazo, aumentará, en cambio, la tensión derecha-izquierda y, decididamente, nos alejará de nuestra integración en los mercados europeos. Por el contrario, el planteamiento progresista posibilita nuestra aproximación a Europa y permite mayores niveles de bienestar, pero exige cambios, lo cual aumenta la tensión dentro de la propia derecha española.

Por referencia a esta alternativa básica, la situación presente bien cabría calificarla de indecisa, indecisión que deriva de un ,cierto equilibrio de fuerzas entre los sectores que, sean conscientes o no, defienden una u otra alternativa.

Sectores, entiéndase bien, dentro del espectro de la derecha, puesto que la izquierda, y muy en particular las fuerzas sindicales, están asistiendo simplemente en calidad de espectadores, como prueba la evolución reciente y las expectativas decrecientes de los niveles de precios. No se trata pues, ni mucho menos, de un enfrentamiento entre modelos alternativos de sociedad, sino de problemas internos al propio aparato productivo, los que se sitúan tras la clave de la indecisión e inestabilidad actual.

José V. Sevilla Segura es economista y ex director general de Tributos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de noviembre de 1981