Museo del Ejército
El otro día, visitando el Museo del Ejército, pude comprobar con pesar que continúa siendo el de los que ganaron la última guerra civil. Todo son referencias a sus heroicas gestas o a sus jefes: desde las balas que hirieron a Millán Astray, hasta la defensa del Alcázar de Toledo; desde el micrófono por el que hablaba Queipo de Llano, hasta el uniforme de los voluntarios de la División Azul. Por el contrario, las referencias al bando republicano siguen siendo tendenciosas o inexistentes, de manera que cuando paseamos por sus salas recibimos la impresión de que de un lado todos eran héroes alimentados por los más nobles ideales, y del otro, todos temerosos y ruines, sólo citados como comparsas del lucimiento de los primeros. Creo que es hora ya de que un museo que pretende reconstruir la historia militar de España lo haga íntegramente y con la mayor objetividad posible. Y ello porque, primero, eran todos españoles; segundo, venían del mismo Ejército, y tercero, es agua pasada que no debe discurrir para abrir nuevas heridas en una época donde todo debe conducir al equilibrio y la conciliación./


























































