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Casi 50.000 millones de pesetas se ofertaron en la subasta inaugural de deuda pública a corto plazo

Con una oferta de compra próxima a los 50.000 millones de pesetas y una adjudicación efectiva de 3.160 millones de pesetas, se inauguraron ayer las subastas de Pagarés del Tesoro (deuda pública a corto plazo). Fuentes del Ministerio de Hacienda, que no ocultaron su satisfacción ante una demanda que había superado todas las previsiones iniciales, desmintieron rotundamente que la deuda pública a corto plazo vaya a agravar el déficit público. Anunciaron, asimismo, su intención de abrir próximamente este mercado, restringido en la actualidad a bancos, cajas de ahorro y algunas otras entidades financieras.

La aparición de la deuda pública a corto plazo, anunciada hace algunas semanas por el titular de Hacienda en la presentación del proyecto de ley de Presupuestos del Estado para 1.982, supone un doble instrumento para regulación monetaria y para financiación del déficit. La diferencia con los bonos del Tesoro está fundamentalmente en esta segunda finalidad -la financiación del déficit- y en el mayor plazo que se contempla para la deuda a corto (6 meses y un año, frente al límite de 90 días para los bonos).También ha supuesto un cambio de procedimiento, al introducirse la subasta a la baja para su adjudicación, lo que conlleva una mayor transparencia del mercado y genera la competencia entre quienes desean adquirir esta deuda (teóricamente, al menos, desconocen las diferentes ofertas de tipo de interés).

En la primera subasta, celebrada ayer -la próxima está prevista para el día 28-, hubo cien ofertas de adquisición de deuda a corto por un valor de 48.630 millones (28.500 millones a un año y 20.130 millones a seis meses). La adjudicación se redujo, sin embargo, a 3.160 millones (1.060 millones a un año y 2.100 millones a seis meses). En las ofertas de tipos de interés, tal vez por el desconocimiento lógico de una primera subasta, se llegaron a producir diferencias de hasta cuatro puntos, con un tipo de interés promedio ponderado final del 16,0927 para la deuda a un año, y del 15,6601, para la deuda a seis meses.

No incrementa el déficit

Fuentes próximas a la Subsecretaría de Presupuestos y Gasto Público desmintieron a este diario, por otra parte, las afirmaciones de expertos financieros del sector privado (véase EL PAIS del pasado domingo) en el sentido de que la deuda del Tesoro a corto plazo para financiar el déficit contribuirá a agravarlo.En primer lugar, según estas fuentes, hay una realidad -consecuencia de la situación económica del país- que es el déficit y la forma de financiarlo, que lógicamente debe ser la más barata posible. La financiación del déficit puede, hacerse mediante la deuda interior a largo plazo, la deuda exterior a largo plazo, la deuda interior a corto y el recurso al Banco de España.

En cuanto a financiación, el incremento del déficit sólo puede proceder del pago de intereses. La apelación al Banco de España, que en apariencia supone interés nulo, significa sin embargo un coste derivado muy apreciable.

Cuando el Tesoro recurre a los anticipos del Banco de España para cubrir sus déficit, y genera así ampliaciones excesivas en la liquidez básica del sistema, el banco emisor se ve obligado a colocar bonos y certificaciones para absorber el exceso de liquidez. Como sobre esos bonos y certificaciones el Banco de España paga un alto tipo de interés -en otro caso las entidades bancarias no los adquirirían- y los beneficios del banco emisor van íntegramente al Tesoro, la gratuidad para este último de los anticipos del Banco de España es un puro espejismo. Según fuentes del banco emisor, el 15,25% y el 15,37% que se abona sobre bonos y certificaciones a un mes y a plazo igual o superior a dos meses, respectivamente, son el coste efectivo de los anticipos aparentemente gratuitos.

En esta situación, aseguran tanto las fuentes del banco emisor como las del Ministerio de Hacienda, el temor mostrado por expertos financieros del sector privado de que la emisión de deuda a corto recargue los déficit presupuestarios "es una simple falacia".

Por otra parte, y dadas las limitaciones obvias de la deuda externa, el mayor recurso a las emisiones a corto plazo supone una menor presión sobre los tipos de interés de la deuda a largo plazo. El efecto sería aún mayor si las subastas a la baja de deuda a corto no estuvieran restringidas, como en la actualidad, a entidades crediticias. De ahí que en la Subsecretaria de Presupuestos, se esté pensando en abrir al público general la adquisición de pagarés del Tesoro.

Con ello se conseguiría, por otra parte, el que los tipos de interés a abonar por el Tesoro en la deuda a corto plazo dependieran cada vez menos de la banca privada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de octubre de 1981

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