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CARTAS AL DIRECTOR

A la EMT

Me dirijo a los máximos ejecutivos de la EMT para pedirles -de rodillas, si quieren- que pongan remedio a la cada día más angustiosa situación de los viajeros de los autobuses urbanos. En la actualidad, el número de víctimas de esos autobuses es ya superior al número de intoxicados con el aceite de colza desnaturalizado.

Parece ser que los nuevos autobuses, gloria de la empresa nacional, no tienen dispositivo de arranque con suavidad, por lo que lo efectúan de golpe y porrazo, ocasionan do lesiones a los viajeros, incluso a los que tienen la suerte de ir sentados. Normalmente son dos los golpes que recibimos: uno al arrancar, fortísimo, y otro al tomar la segunda velocidad, menos fuerte, pero también de cuidado.

Es una pena que ahora que el servicio está mejor organizado resulten más lesionados los viajeros que antes, cuando la arrancada violenta sólo se producía por el deseo del conductor de "echar" a la parte trasera del autobús a los viajeros que se aglomeraban en la delantera.

Si por un lado cada vez es mayor el número de usuarios del servicio cojos sin remedio, por otro se ignora si algunos de los enfermos del síndrome tóxico no lo estarán por la permanente inhalación de los humos que ya despiden también los autobuses nuevos.

Si todos los ingenieros que figuran en nómina de la EMT se dedicasen a estudiar el remedio para esta situación, no dudamos que en menos de una semana la cosa estará arreglada, y los viajeros, agradecidos./

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de octubre de 1981