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Ayer murió en Madrid el crítico Alfonso Sánchez

El periodista y crítico cinématográfico Alfonso Sánchez falleció ayer por la tarde en el Hospital Provincial de Madrid, a los setenta años de edad, a causa de una afección pulmonar que padecía hace años, por la que tuvo que ser hospitalizado a mediados de mayo, cuando asistía al último festival de Cannes.

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En este período de casi cuatro meses de intensos tratamientos y constante vigilancia médica, Alfonso Sánchez celebró, el pasado mes de julio, su setenta cumpleaños en la clínica madrileña donde se hallaba ingresado rodeado de familiares y amigos. «Yo sólo cumplo películas», comentó el conocido crítico, que, conectado a la mascarilla de oxígeno y al botellín de suero, no perdía su peculiar sentido del humor. En aquella ocasión se mostró animoso y con ganas de volver a la calle, «para trabajar en la radio, porque hay un boom en ese medio y creo que da más libertad». También insistió entonces en la idea de llevar a cabo por fin un viejo proyecto suyo: escribir un libro de memorias sobre los innumerables festivales de cine en los que participó como jurado o como crítico, entre los que su preferido siempre fue el de Cannes. «El de Cannes es indiscutiblemente el mejor: en dos semanas tienes la oportunidad de ver en bloque toda la producción de un año», dijo en una entrevista publicada en Fotogramas en abril de 1979. «Un festival no es bueno porque pongan buenas películas, sino por su capacidad de servir de muestra», opinó.

La pasión por el cine

Alfonso Sánchez nació en Toledo en 1911, pero desde los tres meses vivió en Madrid, donde estudió el bachillerato, en los escolapios, y cursó la carrera de Derecho. Su vocación juvenil fue ser letrado del Congreso e incluso llegó a preparar las correspondientes oposiciones, aunque tuvo que desistir por no tener la edad mínima exigida. A los catorce años de edad se aficionó al cine y leía toda la literatura que llegó a sus manos relacionada con el séptimo arte. Cuando vio Varieté, de Fritz Lang, fue como una revelación y decidió consagrarse enteramente a él.

En su larga carrera periodística, que inició acuciado por la necesidad de ganarse la vida en Misiones, revista de antes de la guerra, Alfonso Sánchez sólo escribió de cine, sobre cine y en torno al cine, con la única excepción de las crónicas de espectáculos y actos sociales que salpicaban su columna, Mi columna, que se publicaba en el desaparecido lnformaciones, y últimamente, en las páginas del Abc. La escribía pegado a su eterna taza de café y entre el humo de sus cigarrillos -se fumaba unos cuarenta diarios-. Tras los ataques más violentos de sus toses entrañables que alarmaban a la redacción de Informaciones, solía exclamar: «Para que os enteréis de lo que vale un hombre».

Cuando se le preguntaba por su cine predilecto eludía con ingenio una respuesta concreta: «A mí el que más me gusta es el cine bueno». Pero forzado a elegir optaba por las obras maestras de los grandes humoristas: Lubitsch, Hitchcock, Forman o Edwards.

Antes de su vinculación a lnformaciones, entre 1935 y 1954, Alfonso Sánchez fue crítico titular en El Alcázar, y también colaboró más tarde en la Hoja del Lunes y en Tele-Radio. Su imagen y característica voz nasal se popularizaron en las pantallas de televisión y fue muchas veces imitado por humoristas y showsman.

A lo largo de su carrera recibió numerosos premios por su labor crítica y periodística. Entre ellos, el de la Dirección General de Cinematografía y Teatro en 1963, el del Círculo de Escritores Cinematográficos en 1952 y 1957, y el premio nacional Bravo, instituido por la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, que le fue otorgado en 1977. Dos años más tarde se le concedió la medalla del trabajo, y con este motivo un grupo de profesionales del periodismo y del espectáculo le tributó un cálido homenaje.

Veía unas cuatrocientas películas al año

La fervorosa pasión, que sentía Alfonso Sánchez por el cine -veía al año alrededor de cuatrocientas películas- le impidió atravesar la barrera y dedicarse a él como director. Su única incursión en este terreno fue el guión que esbozó para la película de su amigo Antonio Román Pacto de silencio. Como autor es conocido sobre todo por su Inciación al cine moderno, que se publicó, en dos volúmenes, en 1972, aunque escribió también dos libros divulgativos sobre las figuras militares más destacadas de las dos guerras mundiales: Los mandos aliados de la invasión y La caza alemana.

La capilla ardiente con los restos mortales de Alfonso Sánchez se instalará esta mañana en el Hospital Provincial de Madrid, donde falleció ayer sobre las seis de la tarde. El director general de Cinematografía, Matías Valles, fue una de las personalidades que acudieron anoche a expresar su pésame a los familiares. A la hora del cierre de esta edición todavía estaba por confirmar la fecha y la hora del entierro, aunque se sabe que éste tendrá lugar en Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de septiembre de 1981

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