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Landelino Lavilla ofreció como rehenes a los miembros de la Mesa del Congreso

La noche del 23 al 24 de febrero último, el presidente del Congreso de los Diputados, Landelino Lavilla, ofreció al teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, quedarse él y los ochos restantes miembros de la Mesa en poder de los asaltantes de la Cámara y que se permitiera marchar al Gobierno y a todos los demás parlamentarios secuestrados. Tejero rechazó el ofrecimiento. Este es uno de los nuevos datos conocidos como consecuencia de una reconstrucción periodística de lo ocurrido en el Parlamento durante las dieciocho horas de secuestro, basada en los testimonios directos de los diputados y en otros hechos contrastados durante el medio mes transcurrido.

Uno de los hechos que ha quedado claro en los medios parlamentarios consultados es que los disparos realizados desde la parte baja del hemiciclo pudieron producir una matanza, sobre todo entre el público y los periodistas de las respectivas tribunas, sobre cuya parte anterior pueden observarse algunos impactos. Esta certidumbre se confirma con que uno de los mandos de los asaltantes, según se ha podido confirmar, dijo, cuando ya habían transcurrido varios segundos desde que se iniciaron los disparos: «Quietos, que vais a dar a alguno de los nuestros». Obviamente, al decir los nuestros se refería a los guardias civiles que habían de ocupar las tribunas.Entre las palabras inicialmente pronunciadas por el teniente coronel Tejero después de acceder al hemiciclo, figuran éstas: «Alto, todo el mundo quieto» y «Al suelo todo el mundo». Poco después, cuando el entonces vicepresidente primero del Gobierno, teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, se levantó del banco azul y se dirigió a los asaltantes, el teniente coronel Tejero dijo: «Siéntese, diputado».

Durante la primera parte del secuestro, Adolfo Suárez preguntó a Landelino Lavilla si los asaltantes le habían dado alguna explicación de los hechos, a lo que el presidente de la Cámara contestó: «Se han remitido a la autoridad militar». Poco después, Adolfo Suárez se levantó de su escaño en el banco azul y dijo: «Quiero hablar con el que manda la fuerza», Ante la negativa, insistió diciendo: «Yo tengo las facultades como presidente del Gobierno constitucional...» (el resto de la frase no fue claramente audible). La respuesta de uno de los asaltantes fue: «Señor Suárez, se siente, coño ».

"El apagón"

Durante la madrugada, una vez leídos los comunicados y el bando del capitán general de Valencia, cuando el teniente coronel Tejero mostró gran preocupación por un posible apagón de luz, las palabras exactas que, al parecer, dirigió a algunos de sus subordinados fueron las siguientes: «Si hubiera un apagón de luz en la puerta donde están ustedes, al recibir un roce, hagan fuego».

En otro momento de la larga noche, el teniente coronel Tejero dijo, según otro de los datos contrastados: «La II, III, IV y V Región Militar han dicho sí al general Milans del Bosch como presidente del Gobierno». (Las regiones militares citadas corresponden, respectivamente, a Sevilla, Valencia, Cataluña y Zaragoza). Más tarde, manifestó: «Guardias, el general Milans nos manda un abrazo».

En varios momentos de la noche, el presidente de la Cámara intentó tranquilizar y poner orden, dentro de lo posible, mientras repetía: «Por favor, por favor...». Un gran silencio y una especie de escalofrío recorrió los estaños cuando sucesivamente fueron sacados del hemiciclo los líderes de los principales grupos parlamentarios, con excepción de Manuel Fraga. Este dijo en un momento dado, dirigiéndose a los asaltantes: «¿Puede tenernos la Guardia Civil como una pandilla de forajidos a tantos hombres indefensos?». Alguien gritó « ¡Viva la democracia! ».

Fraga, "tranquilo"

De nuevo, el portavoz de Coalición Democrática, ya a primera hora de la mañana, manifestó, abriendo su chaqueta: «Yo ya no aguanto más. Disparen contra mí». El mismo gesto lo secundaron el ministro de Cultura, Iñigo Cavero, y Fernando Alvarez de Miranda. Poco después, Fraga contestó a las órdenes de que se estuviera quieto y tranquilo, con estas palabras: «Estoy tranquilo, pero quiero salir de aquí». El teniente coronel Tejero le condujo hasta la puerta de salida, mientras Fraga le decía. « Le advierto que me ha puesto usted la mano encima». Tejero respondió: «Las dos». «Prefiero morir con honra a vivir con vilipendio», exclamó el líder aliancista.

Al término del secuestro, Tejero se dirigió a Landelino Lavilla y dijo: «Muchas gracias, señor presidente». También manifestó a los diputados: «Ustedes cumplan con las condiciones, que a mí me esperan treinta o cuarenta años de cárcel, y yo lo acepto». Poco antes, Tejero, y el capitán de navío Camilo Menéndez permanecían sentados en las sillas de los taquígrafos, en amigable tertulia.

El teniente Álvarez, que en varias ocasiones rogó silencio, dijo alguna vez: «Por favor, silencio; es muy molesto para mí pedirles silencio».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de marzo de 1981

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