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Crítica:

Un nuevo conde francés

La moda del superfolletín a la francesa marca la pauta en Grandes relatos. Tras las andanzas del Conde de Montecristo y del Conde de Phoenix (Joseph Balsamo), ayer empezaron las de un tercer conde francés, Phebus, conde de Foix, héroe protagonista de El León de los Pirineos.

Bernard Bordeliere, director especializado en un típico cine de aventuras de estilo brillante y convencional, del que son muestra sus películas Los tres mosqueteros, La venganza de milady o Angélica, marquesa de los ángeles, ha sido el realizador de esta serie, coproducida por las televisiones belga y suiza con la Antenne 2, de Francia, y la colaboración de la casa Pathé.

Basada en una novela de Myriam y Gaston de Bearn, adaptada por Jacques Armand a la versión televisiva, la historia de Gaston Phebus posee todos los elementos básicos del genuino folletín, género en el que son maestros los franceses, herederos de una larga tradición que alcanza su exponente máximo en los famosos novelones de Sué. Personajes arquetípicos claramente definidos con lo buenos y malos, situaciones límite, conductas estereotipadas... Todos estos ingredientes, ricamente condimentados a base de dramas de sangre, descendencias dudosas, duelos y lances de amor y de honor, intrigas cortesanas, agravios y venganzas en cadena, constituyen el denso y laberíntico relato del trágico destino de Gaston Phebus.

A lo largo de los seis episodios, de 55 minutos cada uno, que forman la serie, se describen las aventuras y desventuras de este joven noble francés, viudo precoz gracias a las malas artes de Inés; de Navarra, que, enamorada furiosamente de él, consigue eliminar a su tierna esposa, Myriam. Aliado disidente del rey de Francia Felipe VI en la guerra de los Treinta Años, Gaston es falsamente acusado como responsable del desastre bélico de Calais, donde los franceses son de nuevo derrotados por el Ejército inglés. Al mismo tiempo, Carlos de Navarra, cómplice de su hermana Inés en el asesinato de Myriam, lo persigue con aviesas intenciones, y cuando Gaston lo reta noblemente a un duelo de hombre a hombre, prefiere eludir el encuentro.

Por fin, el León del Pirineo llega a un acuerdo con el rey: no retirará sus tropas a cambio de que se le conceda la mano, en segundas nupcias, de Inés de Navarra. Gaston Phebus realiza así su terrible venganza. Tras una boda de carácter siniestro que se celebra a medianoche en una capilla abandonada, y con un clérigo excomulgado para completar el cuadro, la feliz pareja se traslada al feudo de Gaston en Bearn, en el corazón de los Pirl neos, donde la desposada, que se prepara a vivir una apasionada luna de miel, es objeto de una serle de calculadas humillaciones. De momento, su flamente esposo renuncia a consumar el matrimonio, y, para que la afrenta sea mayor, empieza a conceder sus atenciones amorosas a Margarita, una muchacha sencilla y tierna que no consigue, sin embargo, aquietar sus ansias de revancha. Después de una serie de peripecias, la tragedia de la legendaria casa de Bearn se cumple inexorablemente. El anciano conde de Foix llega al borde de la muerte solo y sin descendencia, condenado a ser el último representante de su estirpe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de marzo de 1981